Aquel estaba llamado a ser un día importante. El líder de la nación más poderosa del mundo se disponía a ofrecer aquella noche su primer discurso televisado a la nación sobre la guerra en Afganistán, donde Estados Unidos llevaba más de tres lustros empantanado. Una guerra que él mismo había descrito como desastrosa y cara, sugiriendo su intención de retirarse si llegaba a la Casa Blanca. De modo, que el mundo miraba a Washington aquel lunes 21 agosto de 2017. Pero lo que acabó viendo no pudo ser más desconcertante. Horas antes del discurso, Donald Trump se asomó al balcón de la Casa Blanca para ver el eclipse parcial de sol de aquella tarde. Y lo hizo como solo un genio de su envergadura podría haberlo hecho: sin ponerse las gafas de protección.Seguir leyendo....