El sueño del iPhone construido íntegramente en cristal acaba de hacerse añicos en los despachos de Cupertino. La firma de análisis financiero Jefferies ha rebajado drásticamente la calificación bursátil de Apple tras destapar la cancelación de uno de los proyectos de diseño más ambiciosos de la compañía, un movimiento que ha provocado un auténtico terremoto en las previsiones a largo plazo de la marca.Este dispositivo conceptual no era un simple capricho estético para ganar portadas. El modelo envuelto en cristal estaba destinado a ser el ancla estratégica para justificar una nueva subida generalizada en el ticket medio de venta, empujando de paso a los usuarios hacia las variantes de máximo beneficio. Sin este as bajo la manga, las proyecciones de crecimiento de ingresos de Apple podrían verse afectadas negativamente para el próximo lustro.Todas las miradas están puestas ahora en el iPhone plegable Concepto del iPhone plegableLa única palanca de rescate que le queda a Tim Cook para engordar los márgenes es su esperado teléfono plegable, pero el panorama que dibujan los inversores es bastante hostil para nuestros bolsillos. Los analistas advierten de un escenario de precios prohibitivo: el primer iPhone con pantalla flexible arrancará en los 2.099 dólares y superará la barrera de los 3.000 en su versión de máxima capacidad. Con este peaje de entrada, el terminal nacerá condenado a ser un producto de nicho estricto del que apenas esperan colocar un puñado de millones de unidades a nivel mundial.El origen de este estancamiento y encarecimiento tiene un culpable que está poniendo patas arriba la industria tecnológica: la memoria RAM. El despliegue real de las funciones de Apple Intelligence exige un hardware para el que la compañía no parece querer asumir el coste. Según el informe, la marca limitará el ansiado salto a los 16 GB de RAM de forma exclusiva al futuro iPhone 19 Pro Max.La lógica detrás de esta decisión es matemática pura: el mercado de los semiconductores está disparado y añadir bloques de memoria adicionales incrementaría enormemente el coste de fabricación de cada dispositivo. En resumen, la crisis logística de componentes se ha cobrado su primera víctima en forma de teléfono revolucionario cancelado, y los daños colaterales los terminaremos pagando en las próximas generaciones de iPhone.