Luis Enrique volvió a imponer su sello en Europa. El Paris Saint-Germain derrotó al Aston Villa de Unai Emery (2-1) y levantó la Supercopa en una final marcada por el duelo español en los banquillos. El conjunto parisino controló el ritmo en la mayoría de fases del encuentro, pero nunca consiguió desprenderse de un rival que encontró en la intensidad y en los golpes rápidos la manera de discutirle el título hasta el final. El PSG gobernó durante muchos minutos sin necesidad de acelerar demasiado. La circulación de los franceses fue encerrando poco a poco a los ingleses, obligados a esperar su oportunidad para correr. De ese dominio nació el primer tanto. Doué obligó a Bizot, guardameta del Aston Villa, a intervenir y Kvaratskhelia apareció sobre el rechace para abrir el marcador en el minuto 20. El georgiano puso premio a una superioridad que hasta entonces había sido más territorial que peligrosa. Emery, sin embargo, consiguió que su equipo sobreviviera al peor tramo y acabara encontrando el partido que buscaba. El Aston Villa empezó a soltarse cuando se acercaba el descanso y avisó primero con un disparo de Madjo al palo. Apenas un minuto después, McGinn volvió a encontrar al delantero a la espalda de Pacho y esta vez no hubo madera que salvase al PSG. Madjo colocó el balón en la escuadra y devolvió el empate justo antes de retirarse al túnel de vestuarios. El gol cambió el estado anímico de los ingleses, que regresaron del descanso convencidos de que podían hacer daño, y McGinn obligó a Safonov a intervenir nada más comenzar la segunda parte. Ahí apareció uno de los factores diferenciales en el desenlace del partido, la calidad individual. Cuando el equipo de Emery consiguió llevar el encuentro al intercambio, el PSG respondió con las habilidades propias de sus efectivos que tantas veces le permite escapar de los momentos incómodos. Doué fue quien terminó rompiendo de nuevo el equilibrio. En el 60 superó al portero y vio cómo el asistente anulaba inicialmente el tanto por fuera de juego. El VAR revisó la acción, trazó las líneas y comprobó que Cash se encontraba por detrás del francés. El 2-1 subió al marcador y devolvió el mando a los de Luis Enrique cuando más dudas habían aparecido. Poco después, Hemmings volvió a probar a Safonov, pero el ruso sostuvo la ventaja. Desde ahí, la final dejó de ser una cuestión de dominio y pasó a convertirse en una batalla de gestión. Emery empujó a los suyos hacia arriba en busca de una última oportunidad, mientras Luis Enrique trató de enfriar el encuentro y recuperar el control con balón, lo que le permitió tener más ocasiones peligrosas, pero sin efectividad de cara a puerta. El Aston Villa mantuvo viva la amenaza, pero el PSG supo proteger una ventaja mínima sin renunciar a castigar cualquier espacio. La Supercopa terminó viajando a París y el pulso español cayó del lado de Luis Enrique, que sigue empeñado en ganarlo todo. Emery volvió a demostrar que su Aston Villa puede competir de frente con cualquiera, pero el técnico asturiano añadió otro título a un proyecto que sigue creciendo desde la autoridad con balón y el talento de sus atacantes.