Una soltera pone en su sitio al «empotrador» de 'First Dates': «Está siendo una cita de mierda»

Wait 5 sec.

A Sergio (51) lo conocen en todos lados como «el empotrador». Así se presentó también en 'First Dates' en cada una de sus visitas al programa. Y aunque la última vez a su cita le pareciera «una ordinariez» autodenominarse con semejante apodo, el soltero, que generalmente es «más chulo que un ocho» como buen madridista y madrileño de adopción, lo volvió a hacer. En su tercera vez en el restaurante, Sergio se presentó guitarra en mano para demostrarle a su nueva pretendienta que bajo su fachada de chuleta se esconde un hombre cariñoso y con un lado idealista. No en vano, su profesión no es otra que la de «disfrutador de la vida». O lo que es lo mismo, hacer todo lo que le aporta felicidad, como dar clases de guitarra o entrenamiento personal. En el amor también demostró tener las cosas muy claras, y por ello buscaba en 'First Dates' una mujer «que sepa lo quiere». A falta de exigencias físicas, sin embargo, ondeó sus tres banderas rojas; cosas que no soportaría de ninguna manera en su cita: «el maldito reguetón, las redes sociales y el patinete», sentenció. El equipo de Carlos Sobera emparejó a Sergio con Vicky (31), una auxiliar de enfermería madrileña que se enorgullece de ser una «yaya». «El mundo de la noche, de las copas, de la fiesta, del alterne, etc., quedó atrás. Lo rechazo y me gusta quedarme en casa», aseguró en su presentación. Además, explicó que su prototipo ideal de hombre es físicamente robusto, «pero, lamentablemente, eso a veces no cuadra con que tengan unas capacidades cognitivas desarrolladas», señaló sutilmente la soltera, cuyo rango de edad para una cita comprendía de los 27 a los 55, eso sí, «ya hablando de un Richard Gere». «Mira ella qué modosita. No va como la mayoría por la calle, medio en pelotas», fue el primer pensamiento que a Sergio se le pasó por la cabeza al verla. No obstante, pronto descubrió que Vicky de modosita no tenía nada y que le iba a dar mucha caña. «Te veo cara de resabiado», llegó a decirle la madrileña en su primera toma de contacto. Ella quiso saber si se trataba de su primera vez en el restaurante. Al conocer que era todo un veterano del programa, le dejó claro que «no voy a decir que a la tercera va la vencida porque no quiero hacerte ilusiones». Con la misma sinceridad aludió al rostro impasible de su cita. «Eres muy rígido, me cuesta hacerte reír. Debe ser cosa de la madurez o de la edad». Aunque reconoció que seguía siendo «un tío atractivo con una mirada profunda», en los totales añadió otro dardo. «Se nota que ha hecho un par de rutitas del bakalao allá por los 90». Las diferencias no habían hecho más que empezar. La conversación arrancó hablando de sus respectivas profesiones. Sergio le intentaba explicar a su cita su particular forma de entenderla. Una respuesta que Vicky no terminó de comprender. «¿A qué te dedicas, hijo? ¿Por qué no dices nada? ¿Qué pasa, que vende droga o algo?», bromeaba en privado, confusa ante lo que consideraba una respuesta evasiva. La auxiliar de enfermería planteaba entonces que su forma de organizarse y disfrutar del día a día no tenía demasiado que ver con la de su cita. «Me parece que tu autogestión de tu rutina es opuesta a mi vida», resumía. Con dos hijas, vive entregada a una rutina de «maruja, abnegación y crianza». Una realidad que Sergio identificó enseguida como un posible problema. «Ya he pasado por ahí», apuntaba el soltero. Pero Vicky, en vez de dar la cita por perdida, lo desafió a que se lo tomara como un reto. Una propuesta que el de Gandía rechazó de plano. «Ni de broma ni de coña. Por follar no lo hago», puntualizó, aclarando que no estaba dispuesto a cambiar su filosofía de vida. Sin embargo, él no dejó pasar la oportunidad de ahondar en el tema sexual. «Ahora mismo estoy obsoleta», admitía la enfermera en ese sentido, que pese a todo creía que eso de no ir «abriendo las piernas con cualquiera» a algunos hombres «así varoniles» como su cita les parece atractivo. El soltero, lejos de escandalizarse, confesó que la forma de expresarse de Vicky le resultaba de lo más estimulante. «Hablas como Séneca», le soltó. Fue el propio Sergio quien llevó entonces la conversación un paso más allá al interesarse por cómo se consideraba Vicky en el terreno sexual. «Joder, ¿por qué lo quieres saber?», reaccionó ella, antes de que él justificara su curiosidad: «Porque tienes atractivo sexual». La madrileña terminó definiéndose como una persona «sensorial» en la intimidad, partidaria de ir «despacio». Él, por su parte, no tardó en presumir de su famoso apodo por primera vez delante de ella: «Pues yo soy un empotrador y muy guarro». «No te había preguntado, pero gracias», respondió Vicky con una mezcla de sorpresa y sorna. «Me gustan los empotradores que no se mencionan a sí mismos como empotradores. No me puedes recomendar la peli y decir de qué va», valoraba frente a las cámaras. Después entraron en otro terreno aparentemente más inofensivo: los gustos musicales. Un asunto en el que Vicky demostró tener gustos de lo más eclécticos. La madrileña enumeró artistas y géneros de todo tipo, pues asegura escuchar cada día algo diferente. Pero entre ellos apareció Omar Montes, una elección que hizo saltar las alarmas de su cita. La enfermera confirmó que también le gusta el reguetón. «Eso me ha descuadrado», reconocía el soltero ante las cámaras. Sergio quiso comprobar entonces si cruzaba otra de sus líneas rojas, las redes sociales. Vicky se declaró una «chinchorrera» de Instagram, aunque defendiendo que su afición se limita a esta plataforma. Más que suficiente para el soltero. «Todo el día con el móvil grapado en la mano. ¿No te basta ya con el reguetón?», espetó charlando con el equipo. Al menos ella coincidió en que no le veía sentido a los patinetes, pero volvió a surgir la discordia por la idea de él sobre ese tipo de vehículos, afirmando que «el 95% de la gente que tiene uno es para hacer el tonto». «Es una opinión muy gañana», aseveró ella, dando lugar a una larga diatriba de su cita sobre el porqué de su animadversión. Tras acabar con su explicación, Sergio quiso saber si Vicky estaba encontrando aburrida la conversación. La respuesta de la madrileña no pudo ser más contundente y sirvió de anticipo a la decisión final. «Creo que está siendo una cita de mierda». Más que una cita fue un partido de tenis. Sergio y Vicky se fueron devolviendo la pelota llena de pinchos. Sin embargo, contra todo pronóstico y a pesar de Omar Montes, las redes sociales y la maternidad, al valenciano le pesó más la buena conversación y el saber estar de ella a la hora de decidir que quería seguir conociéndola. La madrileña, en cambio, contestó a la pregunta de 'First Dates' consciente de que tenían formas de vivir que los distanciaban. Eso sí, Vicky todavía se guardaba una última ocurrencia antes de poner punto final a la cita: «A lo mejor ahora nos morreamos y todo».