Clima, productividad y baja fertilización frenan producción cafetera en Colombia: Federación apuesta por la renovación

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Germán Bahamón, gerente Federación Nacional de Cafeteros. Imagen: FNCEl gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, hizo en entrevista con Valora Analitik un balance detallado del momento que atraviesa la caficultura colombiana, marcado por un fenómeno climático que trastocó el calendario de cosechas y por una meta de renovación de cafetales que busca romper una década de estancamiento en la productividadUn año atípico por las lluviasBahamón explicó que las lluvias intensas del primer semestre de 2026 generaron dos efectos que la Federación había anticipado: un retraso en la aparición de la cosecha del sur del país y una afectación en la floración que impactará la cosecha del segundo semestre. El resultado se refleja en las cifras: en el primer semestre se produjeron cerca de 5,5 millones de sacos, un 10 % más que en el mismo periodo del año anterior, pero con un salto del 43 % solo en junio, lo que evidencia el traslape de cosechas que normalmente no ocurre. En los últimos 12 meses, la producción llegó a 13 millones de sacos, un 9 % por debajo del periodo anterior.El gerente insistió en que los ciclos productivos del café deben leerse en periodos bianuales y no anuales, pues a una cosecha alta le sigue típicamente una más baja debido al desgaste de la planta. Para lo que resta del año, la Federación proyecta entre 12 y 12,5 millones de sacos, frente a los 13,7 millones del cierre del año pasado.Recomendado: La producción cafetera cayó 19 % en lo corrido de 2026 y llegó a 4,2 millones de sacos La sombra del superniño: dos escenarios para lo que vieneDe cara a los próximos meses y a 2027, la preocupación se centra en el fenómeno de El Niño, que se extenderá hasta el primer trimestre del próximo año. Bahamón fue explícito en que el efecto sobre la cosecha puede ir en dos direcciones completamente opuestas, y que hoy es imposible saber con certeza cuál de las dos se materializará.El escenario positivo es que se trate de un Niño de intensidad fuerte, pero de corta duración. Agronómicamente, los periodos de sequía moderada estresan la planta de una manera que favorece la floración y, por tanto, potencia la cosecha del semestre siguiente: así ha ocurrido históricamente con los meses secos de enero y febrero, que impulsan la cosecha del segundo semestre en Colombia. Si El Niño se comporta de esa manera, podría incluso favorecer la producción de 2027.El escenario negativo, y el que más inquieta a la Federación, es que este episodio se convierta en un superniño: un fenómeno no solo más intenso sino mucho más prolongado, que supere el umbral de un trimestre de afectación notable en las lluvias.Bahamón aclaró en la entrevista con Valora Analitik que El Niño no significa ausencia total de lluvia, sino una disminución de las precipitaciones, y que el riesgo real está en la duración: mientras más se extienda ese déficit hídrico, mayor será el estrés en las plantaciones y mayor el impacto negativo sobre la cosecha de 2027. «Todavía no sabemos, nadie tiene la bola de cristal», admitió el gerente, aunque reconoció que los pronósticos apuntan a que sí será un superniño.Café de Colombia. Imagen: Valora Analitik.El programa de fertilización de emergencia: cómo funciona y a quién beneficiaAnte la incertidumbre sobre cuál de los dos escenarios de El Niño se impondrá, y ante la posibilidad de un apagón hídrico prolongado, la Federación decidió actuar de manera preventiva. Tras varias mesas técnicas con el Gobierno Nacional, Bahamón le propuso al Ministerio de Agricultura usar los rendimientos financieros del Fondo Nacional del Café —el ahorro colectivo de los caficultores, creado por ley especial en 2019 con el objetivo puntual de proteger el ingreso del productor— para destinarlos a fertilización. Así se activaron $40.000 millones de un fondo que hoy tiene un patrimonio de $510.000 millones, en un programa que se suma a otro apoyo previo de 10.000 millones de pesos ya entregado para café convencional.El beneficio para el productor es directo y de corto plazo: un cafetal bien nutrido resiste mejor el estrés hídrico que uno debilitado. «Un cafetal resiste una sequía si está nutrido», resumió Bahamón, es decir, un cultivo con buena carga de nutrientes llega en mejores condiciones a los meses secos y tiene más probabilidades de sostener su floración y, con ella, la cosecha del segundo semestre. Por eso el programa se diseñó para ejecutarse mientras todavía hay ventana de lluvias, ya que sin agua no es posible aplicar fertilizante: los recursos se están agotando ahora, justo antes de que, de acuerdo con los pronósticos, las lluvias empiecen a disminuir. Bahamón reconoció, sin embargo, que se trata de un alivio parcial y que con más recursos el programa habría podido tener mayor profundidad y llegar a un número mayor de productores.Recomendado: Federación de Cafeteros y Gobierno prorrogan la administración del Fondo de Estabilización del Café El problema estructural detrás: solo se usa el 55 % del fertilizante necesarioMás allá del programa de emergencia, Germán Bahamón fue enfático en que la fertilización es, a su juicio, la principal palanca pendiente para elevar la productividad del país de forma permanente. Según sus cifras, Colombia hoy solo aplica el 55 % del fertilizante que debería usarse en el cafetal. Cerrar esa brecha, dijo, tendría un impacto mucho mayor que sembrar nuevas hectáreas: si se alcanzara un nivel óptimo de nutrición, la producción nacional podría superar fácilmente los 15 o 16 millones de sacos sin ampliar ni una sola hectárea de café, lo que además evitaría los costos ambientales y financieros de abrir nueva frontera agrícola.El obstáculo, explicó, no es técnico sino financiero: la Federación puede recomendar el diseño nutricional ideal para cada finca, pero no tiene la capacidad de resolver el acceso a crédito que le permita al caficultor comprar el fertilizante. El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia comparó la situación con la del sector arrocero, donde actores privados financian directamente la cosecha para garantizar el acceso a insumos y así elevar los rendimientos. Para el café, el reto es que el crédito se adapte a un ciclo productivo largo —muy distinto, por ejemplo, al de cultivos de ciclo corto— con pagos escalonados según el comportamiento de la planta y no según calendarios estándar de la banca.En ese frente, Bahamón dijo tener ya conversaciones avanzadas con el ministro designado de Agricultura, Indalecio Dangond, quien conoce de primera mano la lógica de financiar cultivos de ciclo largo, para vincular a Finagro y al Banco Agrario, e incluso movilizar banca privada a través de esas entidades, con tasas compensadas y plazos ajustados al ritmo de la planta. La aspiración de la Federación es que esos créditos puedan otorgarse de manera grupal, a través de cooperativas y asociaciones de caficultores, para agilizar el desembolso y el acompañamiento técnico. Si ese modelo de financiamiento se concreta, sostuvo el gerente, el mayor beneficio no sería solo una mejor cosecha puntual, sino una ganancia sostenida de rentabilidad para las 532.000 familias cafeteras del país, año tras año.Germán Bahamón, gerente Federación Nacional de Cafeteros. Imagen: Cortesía FNC.Renovación de cafetales: el foco de la estrategiaUno de los ejes centrales de la gestión de Bahamón es la renovación del parque cafetero, tarea que recae en los 1.400 ingenieros agrónomos de la Federación, encargados de persuadir a los caficultores de renovar por soca o por siembra. Durante más de una década el país no logró superar el 10 % de renovación anual, muy por debajo del ideal teórico del 20 %. En los últimos dos años consecutivos esa cifra se superó, con cerca de 94.000 hectáreas renovadas, y la meta de este año es llegar a 100.000 hectáreas, de las cuales ya se cumplió el 95 % en el primer semestre.Bahamón destacó además una promesa del actual vicepresidente de la República, José Manuel Restrepo, quien como exministro de Comercio y de Hacienda se comprometió a apoyar una renovación de 100.000 hectáreas anuales, con el propósito de que al final del cuatrienio se haya renovado el 50% de las 842.000 hectáreas del parque cafetero nacional.Por qué Colombia no supera 14 millones de sacos de caféPreguntado sobre por qué la producción colombiana lleva años oscilando alrededor de los 14 millones de sacos —con un promedio de 13,3 millones en la última década y un pico histórico de 14,9 millones en el año cafetero que cerró en septiembre—, Bahamón fue enfático: el problema no es de área sembrada sino de productividad por hectárea, y esta depende en gran medida, como se explicó antes, del acceso al crédito para fertilizar.De cara al futuro, la Federación —a través de Cenicafé— lanzará en 2027, cuando cumple 100 años, una nueva variedad llamada Umbral, diseñada para recuperar la franja entre los 800 y los 1.200 metros de altitud que se había perdido por efecto del cambio climático, ampliando así la frontera cafetera sin sacrificar el foco en la productividad.  —