La OCU avisa a los españoles sobre el eclipse total de sol de hoy: solo estas gafas ofrecen una protección adecuada

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Este 12 de agosto de 2026 quedará marcado en la historia de la astronomía en España, uno de los pocos lugares del planeta desde los que se podrá contemplar un eclipse solar total , un fenómeno que no se producía en nuestro país desde hace más de un siglo. Además, la coincidencia con la mayor actividad de las Perseidas , la lluvia de meteoros más popular del verano, convertirá la jornada en una cita astronómica excepcional, seguida por miles de personas y observatorios de todo el mundo. La totalidad del eclipse podrá observarse desde A Coruña, Oviedo, León, Burgos, Bilbao, Zaragoza, Valencia y Palma de Mallorca. En Madrid, el fenómeno será visible de forma casi total o total según la zona, lo que anticipa una movilización masiva. Pero, junto al entusiasmo, los expertos insisten en la necesidad de observar el eclipse con una protección específica y homologada para evitar posibles daños graves y permanentes en los ojos. Por ello, tanto la Administración central como distintos ayuntamientos y entidades están repartiendo de forma gratuita gafas especiales para la observación del eclipse. También pueden adquirirse en tiendas físicas y en plataformas en línea, pero es imprescindible verificar siempre que cuentan con la homologación adecuada antes de utilizarlas. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) explica que el eclipse tendrá « uno o dos minutos de totalidad en los que la Luna ocultará por completo el disco solar y permitirá observar la corona, la atmósfera más externa del Sol». Este periodo de tiempo, añade, será «el único momento en que se podrá mirar sin gafas específicas de protección, de lo contrario puede provocar lesiones oculares graves e irreversibles». El resto del tiempo, es esencial usar estos objetos para observar el resto del fenómeno de forma segura. Además, la OCU recuerda que no sirve cualquier tipo de gafas , sino que hay que llevarlas homologadas para que garanticen su eficacia. Insiste en que las gafas de sol convencionales no sirven, y que ningún método casero —radiografías, cristales ahumados, discos compactos— ofrece protección real. En su lugar, recomienda seguir estos pasos para elegir las más adecuadas. Por último, la OCU añade que es imprescindible revisar el estado físico de las gafas: «Si los filtros presentan arañazos, perforaciones, arrugas, deformaciones o cualquier otro deterioro, no deben emplearse para observar el eclipse». Uno de los principales riesgos del eclipse es que el Sol parece menos intenso de lo habitual. Sin embargo, esa percepción resulta engañosa . Aunque la luz ambiental disminuye, la radiación solar continúa siendo capaz de dañar la retina. Desde la Universidad Complutense de Madrid (UCM) explican que, en condiciones normales, el propio organismo nos protege. El intenso brillo solar hace que apartemos la mirada de forma casi automática y que la pupila se contraiga. Durante un eclipse, sin embargo, esos mecanismos naturales dejan de funcionar con la misma eficacia. «La reducción de la luz ambiental engaña al cerebro. La escena se oscurece, la pupila se dilata buscando más luz, y la persona siente que 'puede' mirar sin molestias» advierten los especialistas de la UCM. Sin embargo, añaden, «la radiación que sigue llegando, especialmente aquella que no es visible pero que es tremendamente nociva, la ultravioleta y la infrarroja, no disminuye en la misma proporción que la luz visible». La consecuencia más temida de observar un eclipse sin protección es la retinopatía solar , una lesión causada por la radiación que alcanza directamente la retina. Según explica la UCM, el daño se produce por un doble mecanismo. Por un lado, la radiación ultravioleta genera radicales libres que destruyen las células fotorreceptoras. Por otro, la radiación infrarroja provoca un efecto térmico directo sobre el tejido ocular. Los síntomas no suelen aparecer de inmediato, lo que hace que muchas personas no relacionen el problema con la observación del eclipse. Entre los signos más frecuentes figuran la visión borrosa, una mancha oscura permanente en el centro del campo visual, la percepción deformada de las líneas rectas, la fotofobia o los dolores de cabeza. En algunos casos leves puede existir cierta recuperación, pero, cuando el daño afecta de forma importante a la retina, « no existe tratamiento quirúrgico ni farmacológico que repare una fóvea quemada. La medicina, aquí, solo puede observar».