Jesús, pastor de ovejas: «A veces la soledad es buena. En exceso no porque te vuelves loco, pero hace falta para encontrarse a uno mismo»

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El entorno rural es uno de los grandes incomprendidos del siglo XXI. Y, sobre todo, de la actualidad. Cada vez menos gente quiere vivir en los pueblos y cada vez menos gente quiere trabajar en ellos. Sin embargo, principios básicos como la agricultura o la ganadería dependen en buena medida de esos pequeños núcleos urbanos y de todo su término municipal. Al menos, lo que se entiende por agricultura y ganadería de calidad. Una de las grandes asignaturas pendientes de la clase política actual es no saber fomentar que los pueblos no pierdan su esencia ni sus gentes. No hay incentivos que hagan que la gente quiera quedarse trabajando en el campo o en sus pequeños negocios porque los pueblos, a nivel de servicios, están completamente abandonados. Una rueda de la que hoy por hoy es imposible salir. ¿Quién va a querer quedarse en una localidad en la que no hay colegios a los que llevar a los niños, en los que la sucursal bancaria de turno abre dos veces a la semana o en la que para ir al médico o comprar tienes que coger el coche y hacer trayectos de 20 o 30 kilómetros? Sin todo eso, las familias hacen las maletas y los pueblos pierden vida. Y este es un hecho que sus gentes, los pocos habitantes que todavía quedan en ellos, aferrados a su esencia y a sus orígenes como si se encontraran en el Titanic antes de hundirse, llevan denunciando desde hace muchos años. Un claro ejemplo es Jesús Sola, pastor de ovejas y residente en Tortuera, un pueblo de Guadalajara en el que ya quedan de continuo menos de 100 habitantes. «Los pueblos se están vaciando cada día más. Es que la gente joven no se queda y la gente mayor va falleciendo». Un problema estructural que denunciaba en una entrevista para el podcast 'Morir de éxito' y que se encuentra en fase crítica, pero que vista la tendencia de las últimas décadas, seguirá empeorando. Además, tal y como cuenta Jesús, hay un error a la hora ver este problema y es que en los pueblos no hay falta de trabajo. Porque hay mucho más que hacer que estar en el campo o en la huerta. «En un pueblo puede cuidar ancianos, limpiar casas, electricista, fontanero, camarero, policía... Hay carencia de todos estos oficios». De todas las oportunidades que había, él eligió una de las más sacrificadas: «El de pastor es un oficio duro porque es muy esclavo. El problema de ser pastor o ganadero es que tienes que estar todos los días. Te tiene que gustar; si no te gusta, es difícil». Y a él le gusta. Y sabe ver las cosas buenas que tiene dentro de su dura rutina. Además, afirma que el modo de trabajo es un poco 'a lo Marcos Llorente'. «El ganado no tiene reloj. Trabajas un poco con el sol, desde que sale hasta que se pone. Así funcionamos: no llevamos ni reloj». Sin embargo, la tendencia es que puestos como el suyo están en peligro de extinción ya que «la gente joven no quiere este trabajo porque es de lunes a domingo». Hay una realidad y es que antes uno era pastor casi por tradición o herencia. Y eso ha cambiado. Por ello, para seguir perpetuando estas profesiones se necesita volver a atraer de alguna manera a quienes hoy quieren abandonar las ciudades. Sin embargo, aunque mucha gente no lo crea, el campo también es caro, sobre todo al principio. «Tienes que comprar al menos 500 ovejas para comenzar y cada una cuesta 150 euros. Luego tienes que hacer una instalación que cuesta otro tanto. Y hasta los tres años no vas a obtener dinero». Por ello, no solo necesitas dinero para la inversión, sino para poder ir viviendo ese tiempo hasta obtener ingresos y beneficios. Aunque siempre hay manera de ir entrando. «La mejor manera de hacerse ganadero es ponerse de acuerdo con algún ganadero que se quiera jubilar y hacerse cargo de esa explotación. Pero la gente joven no quiere meterse». Él anima a cualquier persona a hacerlo ya que, lejos de lo que se pueda pensar, de pastor se puede vivir mucho mejor de lo que la gente cree. En su caso, aunque afirma que «tampoco te haces rico», vive bastante bien económicamente hablando. Además, asegura que a él, el campo, le da la vida. «Para mí lo duro sería trabajar en una oficina porque si me encerraran en un sitio sin poder ver el horizonte me daría la sensación de que estoy en una cárcel». E incluso valora esos momentos de recogimiento que le permite. «A veces, la soledad es buena. En exceso no porque te vuelves un poco loco, pero de vez en cuando hace falta soledad para encontrarse a sí mismo». Por último, Jesús toca otro tema que está muy actualidad como son los incendios y asegura que el trabajo del campo y el cuidado de los animales, algo que se está perdiendo en España, juegan un papel fundamental en esa cadena de soluciones anti catástrofes. «Un ganado de ovejas, cabras o vacas limpia mucho más que 100 personas. ¿Qué coste tienen esas 100 personas limpiando un monte? Si esas ayudas se dieran a gente que tuviera animales en esos montes, sería una gran solución». Y no solo eso, si no que esas personas que acuden al campo aprenderían a entender y valorar mucho más la naturaleza. «Vivir en el campo me ha enseñado a respetar el entorno».