Que la IA requiere cantidades ingentes de dinero no es ningún secreto. No hay fondo que no esté mirando a la IA y a sus satélites como la nueva gallina de los huevos de oro, pero el capital es finito. Y hay un problema: las infraestructuras, que se llevan el grueso de la inversión en IA, se devalúan. Y a juzgar por cómo se mueve el hardware, bastante rápido.Por eso es cada vez más complicado convencer a según qué inversores para meter ingentes cantidades de dinero en un bien que se deprecia a corto plazo. Y el CEO de NVIDIA ha encontrado una solución. Y lo ha hecho junto con algunos de los fondos más grandes del mundo, como Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR, con los que busca movilizar más de 500.000 millones de dólares de capital con el fin de apoyar el desarrollo de infraestructura de IA a lo largo del tiempo.Hasta ahí, nada raro. El problema principal es el que comentábamos al principio. La infraestructura de la IA necesita mucho dinero, y la razón principal no solo es el coste del hardware, es que las circunstancias del mercado hacen que se devalúe muy rápido. Cada poco tiempo, hay uno mejor con el que sustituirle en esta suerte de carrera espacial que ha provocado la IA.Y claro, a los inversores no les gusta invertir en activos que pierdan su valor rápidamente, y las GPU y la tecnología de NVIDIA que soporta esta infraestructura de la IA se deprecian muy rápido, en parte porque NVIDIA es una máquina para sacar nuevo hardware cada vez más rápido, más potente y más eficiente. Una nueva GPU o un nuevo chip puede dejar obsoleta a una infraestructura millonaria. La compañía y su CEO lo saben, porque son los que desarrollan la tecnología. Así que han tenido una idea milmillonaria.GPUs como colateral de la deudaPara el CEO de Nvidia, la infraestructura que sustenta a toda esta industria se está convirtiendo en uno de los activos más productivos del mundo. Y ha dicho algo aún más interesante: que "su valor no queda fijado en el momento de la instalación" porque, según él, mejora continuamente su rendimiento más allá de su periodo de depreciación inicial. Por lo que en esencia son activos fungibles. Y si son activos fungibles, entonces son activos que se pueden intercambiar en el mercado por otra cosa. Pero sabe que, por mucho que se usen términos rimbombantes, la realidad es que es un activo que se deprecia y que no todos los inversores lo ven igual que él. Así que se le ha ocurrido otra cosa aún más interesante: ofrecer un mecanismo de respaldo basado en el valor residual de esos activos (las GPUs y chips que dan vida a los centros de datos, simplificando) de hasta el 25 % para complementar esa evaluación de riesgos. El "you might be willing or allowed to do in any other circumstance".Margin Call¿Y qué significa todo esto? Básicamente, se trataría de convertirlos en valores respaldados por activos y por obligaciones de deuda garantizada, mediante ese 25% del que habla. Y esto último no sería más que abrir la puerta a que la infraestructura de IA pase a convertirse en una titulización que, en última instancia, podría dar lugar a CDO negociables. El problema es que, si Nvidia es directa o indirectamente la contraparte que proporciona esa protección, el inversor queda expuesto a un doble riesgo: al deterioro del activo utilizado como colateral y al posible debilitamiento de la propia entidad que ofrece la protección. El wrong-way risk que quedó especialmente patente durante la crisis financiera de 2008.Nvidia juega con las cartas marcadasLa compañía, que sería la encargada de garantizar ese 25%, es a su vez la que controla, de facto, el ritmo al que se deprecian sus propios activos: es quien decide cuándo lanzar una nueva generación de hardware y, por tanto, cuándo puede quedar económicamente obsoleta la anterior. Si además esos activos pasan a utilizarse como colateral en estructuras de financiación, Nvidia adquiere un nuevo incentivo financiero para preservar su valor residual. Esto plantea una tensión evidente: la misma compañía que se beneficia de acelerar el lanzamiento de nuevos productos sería también la que respalda el valor de los activos de la generación anterior.La pregunta es, por tanto, cuánto tardaremos en ver una paquetización de estos activos en diferentes estructuras y niveles de riesgo, mientras su garantía sigue estando vinculada a la misma compañía que decide cuándo y cómo poner nuevo hardware en el mercado. ¿Qué pesará más? ¿La posición competitiva de Nvidia con sus nuevas GPUs y chips y su traslación al mercado físico y bursátil, una de sus principales fuentes de financiación, o el incentivo a preservar el valor residual de los activos sobre los que se construye esta nueva financiación?Hasta ahora, las inversiones en IA podían jugar a ser dios por una cuestión muy concreta: el riesgo quedaba principalmente en manos del inversor que decidía asumirlo. Este nuevo modelo puede cambiar las reglas del juego al introducir deuda, garantías y estructuras de financiación que permiten repartir y multiplicar esa exposición entre un número mucho mayor de inversores. El apalancamiento deja así de estar limitado al inversor original y empieza a extenderse por toda la cadena financiera. Una cosa parece segura: todo el mundo quiere jugar estas cartas.¿Y cuál es el beneficio de todo esto? Según el propio Jansen: "El retorno reside en la utilidad de la IA".Seguir leyendo: Nadie quiere hablar de burbuja de la IA, pero el CEO de Nvidia acaba de pronunciar las palabras prohibidas: «Una nueva clase de activo de infraestructura»