La infancia de Mikel Oyarzabal estuvo marcada por una relación casi instintiva con el balón. Sus amigos recuerdan cómo, desde la ventana de su casa, lanzaba la pelota directamente al parque para empezar a jugar. Aquellas tardes de fútbol improvisado, acompañadas de judo y torneos escolares, fueron el primer escenario donde se intuyó un talento diferente.Seguir leyendo....