La cooperación internacional para el desarrollo está en transformación hacia una aproximación más geopolítica en un contexto de competición y cuestionamiento a nivel internacional y, para algunos grupos sociales y políticos, también nacional.Este Comentario recoge ideas de un encuentro a puerta cerrada organizado por el Real Instituto Elcano y el Grupo del Banco Mundial con el objetivo de reflexionar sobre las narrativas de la cooperación para el desarrollo en un contexto de multiplicación de necesidades y de disminución de recursos financieros. Se tomaron como puntos de partida el nuevo sistema de medición de resultados del Departamento de Resultados del Grupo del Banco Mundial, así como la investigación del Real Instituto Elcano sobre las distintas propuestas políticas en materia de cooperación española.¿Qué hacer?La disminución de los fondos disponibles para la cooperación internacional, al menos de aquellos provenientes de los canales tradicionales (sobre todo la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) de los “donantes tradicionales”), obliga a establecer prioridades explícitas. El Sistema de Calificación del Grupo del Banco Mundial, inaugurado en 2023, refleja este cambio, ya que reduce su número de indicadores de desempeño de 150 a 22 para centrarse en los resultados más relevantes. Entre las prioridades consideradas ampliamente compartidas y con gran potencial transformador se encuentran el foco en la generación de empleo de calidad y la transversalización de las preocupaciones de seguridad en todas sus dimensiones (física, humana, climática, sanitaria…). Por su parte, la casi totalidad de los partidos políticos españoles coinciden, además, en la importancia de priorizar la ayuda humanitaria, seguida en amplitud de consenso nacional por el sector de la salud global.Ante la disminución de recursos, se torna esencial que los objetivos prioritarios de cada organismo o gobierno guíen su asignación estratégica, seguimiento e incluso la propia agenda de recortes, en aquellos países o instituciones donde esté habiendo recortes de ayuda. Sin embargo, y en un contexto cambiante y marcado por la proliferación de crisis de distinta naturaleza, esta claridad de objetivos debe ser compatible con un margen de flexibilidad razonable y operativo a la hora de asignar recursos.La naturaleza compleja y multidimensional de los objetivos de desarrollo presenta desafíos inabarcables individualmente. De hecho, la ambición del Sistema de Calificación del Grupo del Banco Mundial requiere explícitamente la colaboración con otras entidades. En esta línea, el Banco ha eliminado el requisito de la tasa de participación a terceros en proyectos del Banco. De manera similar, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) está complementando su papel tradicional de agencia financiadora con el de constructor de partenariados, creando alianzas con la sociedad civil, organizaciones filantrópicas, el ecosistema científico español o el sector privado. Aquí entran en juego las alianzas que, ante la multiplicidad de desafíos compartidos entre países y entidades altamente heterogéneas, pasan de lo dogmático a lo pragmático.El trabajo en alianzas –para el Grupo del Banco Mundial o para España– requiere claridad sobre los objetivos compartidos, fortalezas complementarias y, cuando sea necesario, nuevas formas de trabajar entre instituciones acostumbradas a operar por separado. Las alianzas deben generar escala, no sólo narrativas.No obstante, la actual crisis de recursos y su correspondiente priorización no debe ignorar la complejidad de los fenómenos sociales, económicos, políticos, culturales y medioambientales que afectan al desarrollo de las sociedades y al bienestar de las personas. Debe, pues, tenerse en cuenta el conocimiento acumulado tras décadas de cooperación e investigación, que nos ayudan a comprender las interconexiones entre distintas dimensiones del desarrollo.Precisamente por esa complejidad, la cooperación puede estar motivada de forma complementaria por la solidaridad, el beneficio mutuo y el interés propio, que no tienen que ser mutuamente excluyentes. Es más: es arriesgado ignorar cualquiera de estas dimensiones, ya que cada una interpela a distintos sectores de una sociedad en la que los apoyos políticos, las prioridades y las relaciones con socios de cooperación pueden evolucionar. Anclar políticamente la cooperación exclusivamente en la solidaridad la ha hecho vulnerable a prioridades cambiantes, como también lo haría hacerlo únicamente en el interés propio.Para todo ello, es necesario un sistema internacional basado en reglas, predecible y confiable. Existe un amplio consenso político respecto a la importancia de que, mediante las reformas necesarias, el sistema internacional sea un medio funcional y no un fin en sí mismo.¿Cómo hacerlo?El sistema de cooperación cuenta con capacidades, estructuras y experiencias muy valiosas. No debe caerse en una crisis de imaginación o de efectividad, sino que la adaptación y la creatividad deben contribuir a la mejora de dicho sistema. Un buen ejemplo es la transición, por parte del Grupo del Banco Mundial, de una lógica de establecimiento de objetivos por medios (como metas de financiación) a una de establecimiento de objetivos por resultados (como la cantidad de empleos de calidad generados). Igualmente, la reciente reforma de la AECID ha impulsado una mayor transparencia, rendición de cuentas e impacto, por ejemplo, mediante un nuevo portal de datos o mediante la incorporación, en curso, de indicadores de resultados en todas sus intervenciones. Estos esfuerzos de transparencia de datos pueden empoderar a la ciudadanía a la hora de exigir a los gobiernos e instituciones de desarrollo rendiciones de cuentas basadas en resultados.La rendición de cuentas también debe centrarse en la ejecución, no en las promesas. En el actual contexto geopolítico la medición de resultados ya no es suficiente. Las instituciones de desarrollo deben desarrollar un ‘reflejo de resultados’, es decir, el hábito de incorporar continuamente la evidencia para preguntarse si las acciones en curso llevarán a los resultados esperados.Esto conlleva acortar distancias entre la información recogida y la toma de decisiones, y requiere una mayor flexibilidad en la ejecución. Las estrategias deben marcar el rumbo, pero la implementación debe ir adaptándose a medida que cambian las condiciones, la evidencia y las oportunidades. La rendición de cuentas, por tanto, no debe enfocarse tan solo en si las instituciones de desarrollo se adhieren a los planes originales, sino también en si aprenden, se ajustan y continúan responsabilizándose por los resultados.De hecho, la apuesta por la eficacia y eficiencia de los esfuerzos en materia de cooperación internacional para el desarrollo es ampliamente compartida a lo ancho del espectro político español e internacional. En un momento de cuestionamiento y revisión de las políticas y programas de ayuda, existe un consenso internacional en torno a la importancia de mejorar su impacto y su medición de resultados.La cooperación podrá cumplir sus objetivos si se entiende –se diseña, analiza, evalúa y articula– como parte de marcos más amplios de políticas, incluida una política exterior coherente y coordinada. Abordarla de forma aislada, como una política de nicho o como una prioridad secundaria, es contraproducente, tanto para su desempeño como para su contribución a los objetivos de política exterior en términos más amplios.¿Y cómo comunicarlo?La claridad y la honradez son herramientas de gran utilidad en este contexto. La constante y detallada evaluación y monitorización de la AOD no siempre se traduce en mensajes claros para el conjunto de la sociedad sobre qué es, qué hace y no hace esta política pública. Esta claridad, además de la transparencia, es vital a la hora de establecer prioridades.Los datos y relatos de la cooperación deben impulsar un diálogo con el conjunto de la población. Muchos sectores sociales no han participado tradicionalmente en los debates de la cooperación internacional, lo que hace necesario crear esas narrativas, vinculadas a la coexistencia de motivaciones de solidaridad/responsabilidad, de beneficio mutuo y de interés propio, explorada más arriba, evitando, sin embargo, el reduccionismo de una realidad compleja. Un diálogo social –nacional e internacional– informado, constructivo y democrático necesita partir de una comprensión de esta complejidad multidimensional.En definitiva, una narrativa de la cooperación que interpele a los distintos sectores, preocupaciones y sensibilidades presentes en las sociedades, que comprenda mejor las percepciones de los actores cuyo apoyo se busca, y que se moldee con claridad, eficacia y honradez, puede ayudar a proteger y promover la confianza pública en la cooperación internacional.Autores: Antón Leis García, Lisandro Martin, Iliana Olivié, María Santillán O’Shea.La entrada De dólares a impacto: replantearse la cooperación para el desarrollo se publicó primero en Real Instituto Elcano.