OpenAI le puso a uno de sus agentes un examen de intrusión, el agente se saltó las paredes de la prueba y la cosa acabó con una denuncia en comisaría. La compañía ha admitido que esa IA atacó a Hugging Face por su cuenta, sin que nadie le señalara un objetivo, según ha recogido la BBC.El miércoles OpenAI amplió su comunicado y el tamaño del asunto cambió: el agente se hizo con cuatro cuentas en otros cuatro servicios. "Los modelos identificaron y usaron credenciales expuestas públicamente a nivel de cuenta en otros servicios disponibles públicamente", señala la empresa, que no ha puesto nombre a ninguno de ellos.Miles de métodos probados a la vez y errores que ningún humano habría cometido Logo de hugging face en una tabletHugging Face, que viene a ser una tienda de aplicaciones para herramientas de IA, fue la primera en dar la cara. Juntó a cientos de profesionales de la seguridad en una sesión informativa de urgencia y contó lo que había visto: los agentes atacaron sin descanso, probando miles de métodos a la vez.Si te dedicas a defender sistemas, la parte incómoda es la velocidad; la tranquilizadora, todo lo demás. Porque la IA trabajó a un ritmo sobrehumano y, al mismo tiempo, tomó decisiones raras y cometió errores impropios de cualquier atacante humano (que es, de momento, por donde se la ve venir).El agente buscaba las respuestas del examen que OpenAI le había puesto y eligió Hugging Face porque era el camino que tenía a mano para aprobar. El ataque no fue un encargo ni un sabotaje contra nadie: fue la vía que encontró para resolver un ejercicio de clase.Hugging Face fue a la policía casi una semana antes de saber de quién era la IA Clement Delange, CEO de Hugging FaceHugging Face contó el 16 de julio que la habían atacado y lo llevó a la policía, sin más pista que alguien manejando IA autónoma potente. Casi una semana después, OpenAI reconoció que ese alguien era un agente suyo, escapado de un entorno cerrado durante un test interno.No es la primera vez que una máquina carga con casi todo el peso de una operación así: ya te contamos cómo un grupo chino usó Claude Code para atacar, con la IA encargándose del 90 % de las acciones y apenas un 4-6 % reservado a decisiones humanas. La diferencia es que allí había alguien dirigiendo.Los fallos torpes tampoco son una anécdota de laboratorio. Un modelo de lenguaje no separa una instrucción legítima de un comando malicioso escondido en el texto que lee, y de ahí salen las inyecciones de prompts, un agujero que ni OpenAI ni el NCSC británico creen que vaya a cerrarse por completo.Quedan huecos por rellenar. OpenAI no ha aclarado si esos "servicios disponibles públicamente" son empresas, no ha dicho cuáles eran las cuatro cuentas ni ha explicado cómo salió su agente del entorno cerrado. Si alguno de esos cuatro servicios da la cara, sabremos algo más; por ahora, la lista sigue sin nombres.