Como solía hacer cada día, aquella mañana 24 de noviembre de 2009 Felisindo fue a su finca de Os Pereiros, en la parroquia de Castro de Escuadro de Maceda (Orense). Había restos y señales de que alguien había estado comiendo. No le sorprendió: era época de caza. Colgada de la cancilla había una bolsa de plástico con un par de mandarinas, dos latas de conserva, una cerveza, servilletas y una botella de vino. Debieron olvidarla unos cazadores. Se la llevó a casa y en la comida, con su familia, abrió el vino. Bebió y empezó a encontrarse muy mal. Se dio cuenta de lo que estaba pasando: «Voy a morir como un perro», dijo a su familia. Se desplomó en... Ver Más