Qué aterrador debió de ser para esos primeros humanos que, repentinamente y en pleno día, un sombra negra fuera tapando el Sol hasta hacerlo desaparecer, las aves silenciaran sus cantos, los grillos comenzaran a chirriar y los cánidos aullaran a la oscuridad. Qué pequeños y frágiles debieron de sentirse esos hombres y mujeres ante algo que no podían entender pero que probablemente intuían mucho más grande y poderoso que ellos, capaz de desbaratar el ciclo de los días y las noches, y de arrebatarles a su antojo la luz, la primera fuente de protección, seguridad y confort de la humanidad. Los eclipses solares, especialmente si son totales como el que el atardecer del 12 de agosto cruzará España de oeste... Ver Más