Así fue el "infierno" que extinguió a los dinosaurios: una nube de polvo atrapó el calor y asfixió a la Tierra

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Hace unos 66 millones de años, una roca del tamaño del Everest cayó en lo que hoy es la península del Yucatán, lo que originó el tremendo cráter de Chicxulub. Además, barrió de un plumazo casi el 75 % de especies del planeta, incluidos los dinosaurios. Durante mucho tiempo, la comunidad científica ha intentado comprender cómo el impacto de una sola roca, por grande que fuera, pudo devastar un ecosistema entero. Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Purdue ha encontrado una explicación: una letal nube de polvo fino que atrapó el calor y sumergió al planeta en un nivel de radiación térmica del que casi ninguna especie pudo escapar.Para resolver este enigma paleoclimático, el científico Brandon Johnson analizó la física de la colisión. El impacto liberó una energía cinética descomunal que inevitablemente se convirtió en calor al vaporizar más de 1.000 kilómetros cúbicos de rocas y tierra. Este material vaporizado se elevó por encima de la atmósfera, donde se enfrió y condensó en pequeñas gotas de roca sólida conocidas como esférulas. Al caer de nuevo hacia la Tierra por la fuerza de la gravedad, el roce con el aire volvió a calentar de forma extrema estas partículas, multiplicando la energía térmica generada en la colisión inicial.El polvo microscópico que selló el destino del planeta Brandon Johnson y Alexandria Johnson, los investigadores que analizaron la física del impacto de ChicxulubEl factor realmente determinante para convertir este evento en un apocalipsis a nivel global fue el polvo fino derivado del propio impacto. Para analizar el comportamiento de esa masa flotante, el equipo contó con la colaboración de la experta de nubes Alexandria Johnson. Los investigadores descubrieron que, mientras las esférulas de roca volvían a caer, una gigantesca manta de polvo ultrafino permaneció suspendida en la atmósfera superior. Estas partículas, con un tamaño de apenas 2,5 micrómetros, unas treinta veces más finas que un cabello humano, actuaron exactamente como la tapa de una olla hirviendo, bloqueando completamente la salida del calor hacia el espacio exterior.Al no tener vía de escape, la radiación térmica rebotó directamente hacia la superficie terrestre, convirtiendo el planeta en un horno gigante. Los animales del Cretácico recibieron una dosis de radiación térmica diecisiete veces superior a la que resultaría 100 % letal para un ser humano. Este calor extremo fue suficiente para incendiar de manera espontánea pastos, hojas, musgo e incluso la madera de árboles, desencadenando incendios forestales a escala global. El cielo quedó sumido en una oscuridad casi total debido a la densidad de la nube, y la superficie del planeta adoptó un aspecto infernal donde la única luz visible era el resplandor rojizo del fuego. Así fue la última vez que un asteroide impactó en España: ocurrió en 2021 a unos 20 km de la ciudad de LugoBajo estas condiciones desoladoras, la única oportunidad de supervivencia dependía de la capacidad de los organismos para refugiarse bajo tierra, sumergirse en el agua o buscar algún tipo de aislamiento térmico. Pero los problemas no terminaron cuando se disipó el calor abrasador. Este polvo fino permaneció en los cielos durante años o décadas. Aquellas criaturas que lograron escapar a la incineración tuvieron que enfrentarse a graves secuelas por inhalar estas partículas tóxicas.