Le pedimos a los robots que trabajen, decidan y convivan con nosotros, pero casi ninguno sabe cuándo está equivocado. Una revisión de 40 estudios revela la habilidad que seguimos sin poder construir
Perciben objetos, aprenden movimientos y eligen cómo actuar con una precisión creciente. El problema aparece cuando necesitan anticipar lo que ocurrirá, interpretar a una persona o detenerse porque ya no confían en su propia decisión.