Cada laboratorio del mundo que estudiaba el genoma de Trypanosoma cruzi usaba, en los hechos, su propia receta para interpretarlo. Los resultados se parecían, pero no eran iguales, y eso volvía casi imposible comparar hallazgos entre grupos de investigación distintos. Un equipo del CONICET decidió terminar con esa Torre de Babel genómica