Los organismos complejos más antiguos de la Tierra podrían ofrecer indicios de vida fuera de nuestro planeta

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A todos nos fascina la idea de encontrar vida en Marte o bajo las capas de hielo de Encelado o Europa. No obstante, quizás no tengamos que ir tan lejos y podamos encontrar alguna pista en nuestro planeta, y más concretamente bajo nuestros pies. Por ejemplo, podríamos entender cómo aparecieron las primeras células complejas en la Tierra: las eucariotas. Hay que tener en cuenta que durante casi el 90 % de la historia de nuestro planeta los únicos habitantes fueron los microbios.Paleontólogos como Ross Anderson, de la Universidad de Oxford, llevan años trabajando en esto, pero es una tarea titánica. La vida arrancó hace más de 3.500 millones de años, pero durante eones no pasó de formas extremadamente simples. Las cianobacterias empezaron a llenar la atmósfera de oxígeno hace unos 2.300 millones de años, y las primeras eucariotas no aparecieron hasta hace unos 1.700 millones. Más tarde llevaron las algas y, mucho después, unos 570 millones de años, los primeros animales.El motor de la vida compleja que lo cambió todo Partes de una célula eucariotaSi te preguntas por qué son tan importantes las eucariotas, la respuesta es porque fueron el primer gran motor de la vida compleja. A diferencia de las bacterias, las células eucariotas guardan su ADN en un núcleo protegido y tienen orgánulos como las mitocondrias, que funcionan como auténticas centrales de energía. Esta estructura les dio lo necesario para organizarse, crecer y dar el salto a formas de vida macroscópicas. Vamos, que sin eucariotas no habría plantas, ni hongos, ni animales. Ni nosotros.El problema es que estudiarlas no es fácil. Antes de hace 500 millones de años no existían ni los huesos ni las conchas. Todo eran tejidos blandos que se pudren y desaparecen en un abrir y cerrar de ojos a escala geológica. Para dar con fósiles de esa época hace falta un golpe de suerte: encontrar zonas donde la química del suelo haya logrado conservar estas estructuras celulares antes de que se destruyeran. Por eso apenas conocemos los detalles de lo que ocurrió durante la mayor parte de la historia de la Tierra.Para intentar sortear esta falta de fósiles, los científicos investigan la química de las rocas. Saben que el paso de organismos unicelulares a complejos no ocurrió de una sola vez, sino que la naturaleza experimentó con ello en varias ocasiones y en distintos puntos del globo. Todo ese proceso de ensayo y error culminó hace unos 540 millones de años con la famosa explosión del Cámbrico. Dar con esos diminutos microfósiles exige paciencia. Anderson y su equipo han recorrido Svalbard, en el Ártico noruego, y desiertos australianos donde las rocas no tienen vegetación que las cubra. Buscan sobre todo sedimentos de antiguos mares poco profundos y zonas costeras. En estos ambientes primitivos, llenos de nutrientes, las eucariotas se abrieron paso; además, la arcilla de estas zonas actuó como un envoltorio natural que selló sus frágiles estructuras. Gracias a esto, recientemente se encontraron en Australia restos de eucariotas de hace 1.750 millones de años.Gran parte del interés por entender cómo se conserva la vida en la arcilla nació de una pregunta: ¿cómo y dónde deberíamos buscar vida en otros planetas? Antes de lanzar sondas al espacio, tal vez lo suyo sería entender cómo surgió la vida en la Tierra. Si comprendemos cómo evolucionó la vida aquí hacia formas de organismos complejos, podría ser de gran ayuda para saber qué buscar en otros planetas.