La arena blanca del Pantano de San Juan en Madrid luce ribeteada por una gruesa capa negra en todas sus orillas, como si el agua se resistiera a absorber los restos de la catástrofe. Son las cenizas del incendio que comenzó el pasado jueves, originado en la carretera M-501 cerca de San Martín de Valdeiglesias, y que en la madrugada alcanzó el perímetro de la zona recreativa del embalse. Las llamas se propagaron a toda velocidad por este entorno popularmente conocido como “la playa de Madrid”, más de 14 kilómetros de costa que seis días después muestran un escenario postapocalíptico. De forma premonitoria, una bandera tiznada de la comunidad de Madrid ondea chamuscada a la entrada del recinto, custodiado por varias patrullas de la Guardia Civil que impiden el acceso a los vecinos. Las barreras del parking de acceso están elevadas, una invitación al acceso que es exactamente lo contrario: la evidencia del desalojo. Seguir leyendo