Científicos apilaron dos materiales que ya eran extraños por separado y los electrones escogieron un único camino al aumentar el campo magnético. En esa frontera apareció una fase cuántica que no existía en ninguno de los dos

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No nació en el interior de un cristal, sino en la costura atómica entre un semimetal de Weyl y un peculiar aislante magnético. Allí, la corriente pasó de responder a seis direcciones a concentrarse en solo dos, revelando una forma inesperada de organizar la materia.