Dicen de Pedro que siempre lleva los mejores tenis, que es seductor por naturaleza, pero discreto por disciplina. Pedro es "pollero", como se llama en la frontera entre EEUU y México a quienes se ganan la vida pasando migrantes los "pollos", convertidos en mercancía humana por los traficantes de personas. Lleva 30 años en "este oficio", al que evita poner nombre: "Al final del día, doy servicio a una persona que quiere llegar a su destino", describe en una entrevista con EL PERIÓDICO.Seguir leyendo....