La maleta de Morante y el sello de Castrejón

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Dos maletas: una rosa chicle y otra verde manzana. Una, para las tardes de Morante; la otra, para los paseos y la playa. La chica de la trenza lo tenía todo organizado, un plan al que solo le faltaba el excel con la ropa íntima del sábado y las sandalias del domingo. Más trapío que un planificador editorial tenía aquello. Qué barbaridad, qué perfección. La chica de la trenza recitaba sus planes vía móvil mientras los leía en el portátil. Había colocado la vestimenta siguiendo los cánones de verticalidad de Kondo -que bien podrían bautizarse como los de Miranda-, sin una sola prenda de más, eliminando el por si acaso… Lo explicaba de manera tan milimétrica que yo miraba hacia... Ver Más