Durante casi dos siglos, los científicos discutieron si las enormes pilas de huesos de mamut halladas en Europa se formaron por causas naturales o por la mano humana. Un análisis genético a gran escala acaba de inclinar la balanza, y de paso reveló algo que nadie esperaba: los cazadores del Pleistoceno no elegían presas al azar, tenían una preferencia clara y sostenida por las hembras