Los acaloraítos

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Una papelera en Sevilla, cuando aprieta la calor, es un vergel inverso. La temperatura es sahariana y si sopla el viento, produce el efecto de un secador de pelo aplicado a dos centímetros del rostro. El paseante, entonces, divisa entre adoquines ardientes un oasis de metal y plástico brotado (nada) espontáneamente que no huele a frescor, sino a mierda pura. En el tacho, más desbordado que repleto y con decenas de bolsas de basura depositadas en derredor, una pegatina de vivos colores advierte que sus majestades los empleados de Lipasam –sistema monárquico en el que las canonjías son hereditarias– holgarán en las horas centrales del día, cuando peor peste hiede, para evitar el «estrés térmico». Tócate los pies. Alguien dejó... Ver Más