Mark Zuckerberg ha entrado de lleno en uno de los debates que marcarán los próximos años: quién controlará las inteligencias artificiales más avanzadas. El fundador de Meta sostiene que estos sistemas no deberían quedar encerrados en unas pocas empresas o instituciones, sino convertirse en herramientas al alcance de cualquier persona para aprender, crear y sacar adelante sus propias ideas.Su postura es bastante más optimista que la de otros responsables del sector. Mientras parte de la industria advierte sobre la pérdida de empleos y los posibles peligros de la superinteligencia, Zuckerberg cree que responder concentrando todo el poder sería todavía más arriesgado. Para él, repartir el acceso también sirve para impedir que una sola organización decida el futuro de todos.La superinteligencia debería ayudar a crear, no solo a sustituir empleosEn un artículo de opinión publicado en el medio The Wall Street Journal, el CEO de Meta plantea tres principios: dar más poder a las personas, utilizar la superinteligencia para inventar y mantener un equilibrio entre quienes controlan la tecnología. La gran pregunta, asegura, no es si llegará una IA superior al ser humano, sino quién podrá utilizarla cuando exista.Zuckerberg considera que su mayor aportación no será automatizar tareas rutinarias. Imagina sistemas capaces de ayudar a descubrir medicamentos, mejorar un negocio o convertir una idea en un producto sin necesitar una gran empresa detrás. Si estas herramientas llegan a muchas manos, sostiene, resultará más fácil emprender y podrían aparecer más empleos en pequeños negocios.Es una idea parecida, aunque aplicada desde el sector público, a la iniciativa de Corea del Sur para crear una IA para todos mediante un chatbot nacional gratuito. En ambos casos se defiende que el acceso no debería depender únicamente de los servicios de unas pocas compañías.El directivo lo explica de forma clara con un ejemplo: si solo una persona dispusiera de un abogado superinteligente, tendría una ventaja injusta. Si todos pudieran usar uno, esa capacidad quedaría más equilibrada. También rechaza que una única IA decida qué conviene a la humanidad, porque las personas no comparten los mismos intereses ni entienden de igual manera una vida mejor.Meta quiere liderar esa apertura, pero todavía debe demostrarlaEl mensaje continúa la apuesta de Meta por la llamada superinteligencia personal, presentada como una tecnología que cada usuario podría dirigir hacia sus propios objetivos. Zuckerberg también defiende que los sistemas abiertos pueden mejorar la seguridad al permitir que más personas encuentren fallos, aunque admite que amenazas como las biológicas exigirán coordinación entre gobiernos y empresas.La declaración llega en un momento incómodo para Meta. El propio Zuckerberg reconoció recientemente que sus sistemas de IA capaces de actuar por su cuenta no avanzan como esperaba, pese al dinero invertido. Su discurso abierto también le permite marcar distancias con compañías que mantienen sus modelos bajo un control mucho más estricto.Por ahora, se trata de nada más ni nada menos que de una declaración de intenciones. Falta saber cuánto abrirá Meta sus tecnologías más potentes y qué límites impondrá cuando aumenten sus capacidades. Por su parte, Zuckerberg tiene más que claro que la superinteligencia no debería convertirse en el privilegio de unos pocos. El reto será demostrar que su propia compañía mantendrá esa promesa cuando choque con sus propios intereses.