Suecia importa más de tres millones de toneladas de basura cada año y otros países le pagan por recibirla. Después la convierte en electricidad, calefacción y un negocio energético que funciona durante todo el invierno

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Mientras buena parte de Europa todavía entierra sus residuos, Suecia los introduce en centrales capaces de calentar hogares, escuelas y hospitales. El sistema reduce vertederos, genera ingresos y demuestra que la basura también puede convertirse en infraestructura.