Para la mayoría, las vacaciones suponen pasar gran parte del día en el exterior, expuestos a los rayos del sol, ya sea en la playa, en la montaña, en el pueblo e incluso en una gran ciudad. Los beneficios del astro rey son diversos: desde mejorar el estado de ánimo, hasta favorecer el sueño, pasando por la síntesis de la vitamina D, necesaria para fortalecer los huesos y mantener un sistema inmunitario fuerte. Pero también tiene riesgos , como las quemaduras , incómodas y a la larga peligrosas, porque pueden derivar en cáncer de piel. Además, los rayos UV provocan fotoenvejecimiento , manchas y degradan el colágeno. La conciencia sobre los riesgos del sol ha aumentado en los últimos años, gracias a las campañas de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) y de otros organismos privados. Según el último Observatorio Heliocare by Cantabria Labs, el 97% de la población española sabe que la exposición solar puede provocar graves daños en la piel, pero solo el 28% se protege cada día. Los dermatólogos creen que faltan buenos hábitos frente al sol y paralelamente hay desinformación y bulos. La doctora Elena Godoy , responsable nacional de Coordinadores Territoriales de la Campaña Euromelanoma, asegura que «las redes sociales son hoy la principal fuente de información y el mayor altavoz de tendencias peligrosas. Bulos como el 'callo solar' o retos virales como el 'hoy tomate, mañana chocolate' animan a los jóvenes a normalizar la quemadura como un paso previo al bronceado». Por todo ello, la protección solar se convierte en el cuidado imprescindible en verano, para evitar las quemaduras, y otros riesgos a largo plazo. Pero no vale solo con echarla y olvidarse, hay que reaplicar, valorar qué producto conviene más, y combinarla con otros buenos hábitos. Durante años una piel bronceada ha sido sinónimo de estatus social y belleza, pero cuando la piel se pone morena, en realidad, ya ha recibido daño. La doctora Rita Sêco , experta en medicina estética, sostiene que «cualquier bronceado es, por definición, una respuesta a un daño y no se considera saludable. La melanina se produce precisamente para defender la piel de la radiación». El único bronceado saludable, según la experta, sería el que proporciona el autobronceador , porque no requiere sol para darle un tono moreno a la piel. Partiendo de esta premisa, la profesional también advierte de otro mito: creer que la piel se acostumbra al sol y que una vez que está bronceada no necesita protección. Aunque no muestre el enrojecimiento, como en tonos claros, también sufre fotoenvejecimiento. No existe una crema solar que sea mejor que otra, pero sí la más adecuada para cada persona y situación. La doctora Natalia Jiménez , dermatóloga del Hospital Ramón y Cajal y experta Skin Health Lab de Neutrogena, explica que «el fotoprotector debe adaptarse al tipo de piel. La clave es encontrar el protector que la persona tolere y disfrute usando , porque el mejor protector solar es el que se usa todos los días». Conviene elegir una específica para el rostro, porque estas texturas están adaptadas a la piel, ya sea seca, grasa, con acné o sensible; y otra para el cuerpo. Para estar bien protegido hay que optar por un producto de amplio espectro , que proteja frente a los rayos UVB, con un SPF 30 o superior; los rayos UVA, los infrarrojos, la luz azul y visible (todo ello debe estar incluido en el packaging del producto). El doctor Juanjo Andrés Lencina , director médico de Cantabria Labs, desmonta un mito frecuente: «Un SPF 50 no protege el doble que un SPF 25. El SPF indica la cantidad de radiación que la piel puede recibir antes de enrojecerse, pero en la práctica la diferencia suele estar en el margen de seguridad. Como la mayoría de las personas aplica menos cantidad de la recomendada, utilizar un SPF 50 o 50+ ofrece una protección más fiable en el día a día». Otro punto importante es el tipo de filtro : los químicos son más ligeros y ofrecen un acabado transparente; los minerales o físicos pueden dejar restos blancos, pero son mejor tolerados por las pieles sensibles. Cada vez más protectores combinan ambos ofreciendo seguridad y comodidad. Los errores más frecuentes y que llevan a que muchas personas se quemen son, según la esteticista Silvia Giralt , «no utilizar la cantidad necesaria de protector, no reaplicarlo cada dos horas, y siempre después del baño, y olvidarse determinadas zonas como nuca, orejas, empeines, contorno de ojos y labios, así como en la raya del pelo, sobre el cuero cabelludo, cuando se clarea, y los hombres con escaso o cero pelo en toda la cabeza». Además, no hay que olvidar que también hay que usarlo si está nublado e incluso debajo de la sombrilla . El doctor Lencina asegura que «la sombra reduce la exposición directa, pero no elimina la radiación ultravioleta. Bajo una sombrilla podemos seguir recibiendo entre un 30% y un 50% de la radiación UV, a lo que se suma la radiación reflejada por superficies como la arena o el agua". Con el protector solar hay que ser muy generosos, y recordar que no dura todo el día, incluso los que son resistentes al agua, se deben reaplicar después de bañarse en el mar o en la piscina. Aunque la protección solar es una herramienta muy útil para prevenir las quemaduras y demás daños del sol, es esencial tener en cuenta otros hábitos, también indispensables, como relata la doctora Godoy: «la prevención eficaz no consiste únicamente en ponerse crema solar en la playa. También implica evitar las horas centrales del día , buscar la sombra y utilizar medidas físicas como ropa con SPF, sombreros de ala ancha y gafas de sol».