A Guillermo Fuentes todavía le duele un costado por la fuerza que hizo para sacar el pie que le quedó pisado por una viga. El 24 de junio acababa de llegar a casa de trabajar, se había bañado y el terremoto lo agarró en la habitación. “Me puse al lado de una columna y me puse a orar, por primera vez en mi vida sentí miedo de verdad”, dice. En medio de las sacudidas sintió un vacío en el estómago y quedó atrapado, sin poder salir, con escombros encima. “El cuarto quedó al revés y tenía un pie atrapado que no me dejaba salir. Hice una fuerza enorme y lo pude sacar. Había un polvero inmenso”, relata sobre los primeros minutos tras la sacudida de la tierra. “De repente, vi un hueco de luz, como una salida. Era la sala, me fui arrastrando mientras iba sacando piedras. Me rompí las piernas”, cuenta Fuentes. Seguir leyendo