Hace ya muchos años puse punto final a una novela casi autobiográfica. Sólo casi. En realidad, puse punto final a algunas otras cosas. Algunos de sus capítulos, los de una cierta época, me «obligaban» a describir demasiada miseria. Otros, los de esa misma época, a encontrar ropaje literario a ciertos personajes de cuya talla moral, por mucha que fuera mi intención en dotarles de la mejor indumentaria, era incapaz de disimular su bajeza. Temía que aquello no me saliera bien, que en el teclado de mi ordenador se colara algún duendecillo maligno que me obligara a desfigurarme, a olvidarme de que narrar todo aquello, narrarlo de aquella manera, no era mi estilo, ni como escritor ni como simple ser humano.... Ver Más