La Sierra Sur de Jaén cuenta con localizaciones espectaculares. Otiñar es una de ellas. Se encuentra tan sólo a 13 kilómetros de la capital y la riqueza de su territorio ha sido aprovechada desde tiempos inmemoriales. De hecho, hay huellas de asentamientos humanos en esta zona desde el Neolítico. Prueba de ello son las innumerables pinturas rupestres que decoran las cuevas que hay distribuidas por este valle esculpido por el río Quiebrajano y los abrigos en los que nuestros ancestros dejaron la huella indeleble de su paso por este territorio jiennense. Principalmente, encontramos el arte esquemático propio de grupos sociales dedicados a la agricultura y a la ganadería en la época prehistórica, con presencia de rasgos naturalistas y reales que plasman sólo elementos figurativos básicos. Los petroglifos también son abundantes en este lugar escogido por los habitantes de hace 6.000 años en los que la comunión con la naturaleza se hace patente en cada recodo. El abrigo del Toril es sólo una muestra de la riqueza que atesora Otiñar, donde se han localizado más de 30 petroglifos en excelente estado de conservación que han hecho que se declare Bien de Interés Cultural: círculos concéntricos con un punto en el centro, semicírculos y otros de figuras antropomorfas, junto a lo que parece un reloj solar y que dejan entrever la importancia que para nuestros antepasados los solsticios de verano e invierno. Los ritos funerarios también quedan al descubierto al contemplar un dolmen , una de las construcciones megalíticas más destacadas de Otiñar, pese a los múltiples expolios a los que ha sido sometida. Su ubicación, en el collado de Los Bastiones del cerro Veleta, controla el paso natural entre la campiña occidental y los valles interiores de la Sierra Sur. Formaba parte de una necrópolis dentro de un pequeño poblado que contaba con una muralla como sistema defensivo característica de poblaciones ganaderas que habitaban la zona en el tercer milenio antes de Cristo, ligado a rituales funerarios de tipo colectivo . A lo largo de los siglos la zona se ha ido ocupando por las distintas civilizaciones y encontramos los restos de un castillo cristiano construido sobre lo que fuera una fortaleza defensiva de origen musulmán. El origen de la palabra Otiñar es árabe y se traduce como hacer luz o alumbrar en referencia a las torres defensivas medievales a lo largo de la frontera entre los reinos cristiano y musulmán , en este caso, protegiendo el antiguo camino de Granada. Es un recinto alargado y fortificado, en el que destaca un alcazarejo cuadrado y una torre del homenaje. En este paraje también una aldea fantasma ya que, tras la Guerra Civil española, comenzó a perder población, quedando completamente abandonada en 1970. Su origen se remonta al siglo XIX y se denominó Santa Cristina , en honor de la reina madre María Cristian de Borbón. El Ayuntamiento de Jaén sacó a subasta pública en 1824 estos terrenos que fueron adquiridos por Jacinto Cañada. La Corona española ponía como condición que se creara una nueva población y se fundara una villa con un mínimo de 15 vecinos y así quedó constituida en 1826, aunque nunca fueron dueños de sus casas, siendo simples arrendadores o aparceros. Los herederos del propietario inscribieron todo en el Registro de la Propiedad como parte de su hacienda agrícola y ha habido multitud de litigios. Finalmente, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía dio la razón a una plataforma ciudadana que defendía que estos bienes eran públicos. Otiñar es una zona tremendamente rica no sólo por su belleza paisajística y natural, en la que se pueden practicar diferntes deportes, como senderismo o escalada, sino también por los vestigios y testimonios del pasado con los que cuenta, procedentes de todas las épocas históricas, y que la han hecho merecedora de ser reconocida como Zona Patrimonial por parte de la Junta de Andalucía dese 2009.