Un manantial inagotable de toreros en la Venta del Batán

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Cargados con un hatillo, en el que guardaban la muleta y una o dos mudas, los maletillas eran montones de aspirantes a la gloria que iban de pueblo en pueblo como los feriantes, a menudo andando y siempre en busca de un pitón. «Todo porque aquello de ser torero era de las pocas posibilidades que había de ascenso social en este país: o eras torero o había que esperar mucho y condenarte de por vida a currar y claro... a cierta edad uno tiene prisa», expuso José Luis Benlloch en un magnífico reportaje en la revista 'Aplausos'. Con el fin de la dictadura y la llegada de la Transición, tales aventuras, a priori románticas, en verdad penosas, dieron paso a... Ver Más