Reconozco que no soy de lágrima fácil y soy capaz de ver cintas como Ghost, La tumba de las luciérnagas o El niño con el pijama de rayas sin inmutarme, aunque con La vida es bella sí se me metió algo en el ojo. Pero con las que tienen animales de por medio, perros para ser más exactos, es otra historia.Y es que no nos merecemos al que no por nada es llamado el mejor amigo del hombre. Siempre a tu lado, Hachiko me hizo pasar un rato difícil, y más recientemente Arthur, protagonizada por Mark Wahlberg, aunque es más positiva, también despertó algo en mí. Ahora, siguiendo su estela, ha llegado a los cines En el corazón de la bestia, con Brad Pitt y Macko von Heisenberg, o Uber para los amigos.SolosY casi nadie más, realmente, pues estamos ante un film de esos donde lo que en realidad importa es la relación entre sus personajes principales, en esta ocasión Pitt como el sargento mayor de las Fuerzas Especiales, ya retirado, James Belmont y Odín, su perro. Ambos, además, arrastran trastorno por estrés postraumático por la cantidad de conflictos a los que fueron enviados durante su tiempo en activo, pero es una faceta que la cinta dirigida por David Ayer explota mucho menos de lo que nos habría gustado, limitándose a mostrarnos escenas sueltas del pasado en forma de flashbacks o pesadillas.Lo suficiente para que comprendamos el vínculo que une a hombre y bestia (en el mejor sentido de la palabra), y que durante los 101 minutos que dura la película no hará sino fortalecerse, a base de las inevitables desgracias.El hombre (y el perro) contra la naturalezaTras un accidente de avioneta en los bosques de Alaska, James y Odín se ven obligados a recorrer a pie nada menos que 90 km, atravesando para ello bosques y ríos y encontrando por el camino otros peligros en forma de fauna salvaje. Un poco como la también reciente Lucky Strike pero cambiando los nazis por lobos y osos (con un CGI resultón pero identificable) y con un componente extra de complicidad. Hay al menos una persona más en la historia, pero casi parece un cameoPero la caminata es solo la superficie, pues lo verdaderamente reseñable de En el corazón de la bestia es cómo James y Odín cuidan el uno de otro, con especial atención al pastor alemán, el cual perdió una pata y varios dientes durante la guerra, aunque nunca terminemos de creernos que lleva una prótesis delante.Es mutuoOdín vive por y para su amo y amigo y lo demuestra a cada ocasión, pero también tiene miedos, no solo por la guerra, sino los naturales cuando tu instinto de supervivencia es tan fuerte, y así se lo hará saber a James. Por suerte, el cariño es recíproco, y ambos no dudarán en jugarse el pellejo el uno por el otro.Esto dará lugar a toda suerte de situaciones peligrosas por norma bastante bien resueltas en lo técnico, pero también si hablamos de generar tensión, algo que consigue cada vez que se lo propone, y no son pocas las susodichas ocasiones. Las escenas de guerra son simplemente cumplidoras, aunque están bien resueltasNo tengas prisa, DavidAbusa, no obstante, de un viejo truco como es el de los cambios de plano cada pocos segundos, siendo imposible no darse cuenta de ello una vez somos conscientes de tal artefacto. De tal modo, podremos llegar a ver hasta 3 planos distintos de Brad Pitt subiendo una pequeña pendiente, excesivo a todas luces, máxime en una cinta en la que los paisajes podrían y deberían haber jugado un papel más relevante.Ayer, pese a todo, es consciente de ello y en momentos puntuales nos regala una panorámica más pausada o un plano más cercano e íntimo de los protagonistas, cuya química en pantalla es innegable.Vínculo irrompibleResulta sorprendente que un perro pueda actuar así. Acostumbrados como estamos a verles haciendo trucos o a esperar la orden de su entrenador, como ocurría con Eddie en la serie Fraser, la naturalidad de Uber choca y casi desconcierta, llegando a transmitirnos su miedo, frustración y por supuesto mucha ternura. Al final ha resultado ser un dúo muy convincentePitt, por el que no pasa el tiempo, se mantiene en su línea habitual. Tampoco es que veamos las marcas de la guerra en su mirada, ni nada parecido, pero sí sufriremos con él y entenderemos las palabras que le dedicará a su fiel amigo.Los no amantes de los perros encontrarán en En el corazón de la bestia por tanto una entretenida aventura de supervivencia con un marcado componente de tensión y situaciones arriesgadas, mientras que aquellos que compartan su vida con un can tendrán además prisa por abandonar la sala y reunirse de nuevo con su compañero.