El cielo se abre en dos con Urdiales toreando por naturales eternos

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Todo el mundo mirando al cielo. Esas nubes que venían de Toledo, con muy mala pinta, se fueron tornando en negros nubarrones. Todas las miradas seguían elevadas. Hay un hueco allí, decían algunos con cierta esperanza cuando saltó el primero de Alcurrucén a la arena. Un toro serio, con los cinco años bien cumplidos, al que le costaba desplazarse, pero que lo hacía humillado. De reojo se vislumbraron las verónicas que Diego Urdiales le enjaretó en los medios, y con más atención el quite por chicuelinas cerrado con una media de orfebre. Goteando ya, se dobló en un comienzo de faena sabroso, que tuvo continuidad en sentidos derechazos, muy asentada la planta. Faltaba la mano izquierda, y ahí surgió el... Ver Más