Norman Foster: «Ha sido una lucha heroica, una carrera contrarreloj»

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Tras la tempestad llega la calma, dicen. El sábado por la noche hubo un diluvio (si no universal, casi) en Bilbao . El centro de la ciudad se inundó y quedó a oscuras. Pero la mañana del domingo ha lucido soleada. Norman Foster , que no acudió el viernes a la presentación a la prensa de la ampliación y reforma del Museo de Bellas Artes , sí lo ha visitado este domingo, junto con su esposa, Elena Ochoa. Ambos lucían un 'look' muy setentero: él, traje burdeos y corbata morada. Ella, un traje estampado, accesorios dorados y maxigafas. A sus 91 envidiables años, Sir Norman sigue en activo y se le ve en plena forma. Se nota que se cuida mucho. El premio Pritzker británico es un buen conocedor de Bilbao , ciudad en la que ha dejado una huella importante. En 1995 puso en marcha el Metro de la ciudad. Las marquesinas acristaladas, conocidas como 'Fosteritos', semejan unas naves espaciales. Y otra especie de ovni sobrevuela ya el flamante museo que ha reformado y ampliado junto con Luis Maria Uriarte, que este lunes se inaugurará oficialmente y el martes abrirá sus puertas al público. Tras unas fotografías protocolarias, se desveló una escultura de Anselm Kiefer, 'Sappho', que ha donado al museo la familia Foster. La vicelehendakari primera y consejera de Cultura y Política Lingüística del Gobierno Vasco, Ibone Bengoetxea, dio la bienvenida a Norman Foster: «Las grandes transformaciones empiezan con una visión capaz de imaginar aquello que todavía no existe. La renovación de este museo nace de esa ambición, de la valentía para arriesgar y también del talento de muchas personas para convertir una idea en realidad. Supieron pensar en grande. Y aquí tenemos al talento con mayúscula, Norman ». Norman Foster habló de su estrecha vinculación con esta ciudad : «Mi viaje hasta aquí comenzó casi 40 años atrás, en 1988, con la construcción del Metro de Bilbao. Más recientemente, 26 años atrás, fui miembro del jurado de una reforma de este museo, obra de nuestro querido colaborador, Luis María Uriarte. Nos unimos como uno de los 57 equipos, siete años atrás, que optamos a su ampliación. Y aquí estamos. Ha sido un privilegio y un honor contribuir a esta ciudad, a Bilbao, con el Metro y ahora con este museo, que celebra su 118 aniversario y fue el primero que se hizo para albergar arte contemporáneo en España». Recuerda Foster que, «como cualquier concurso, comienza con un documento, y el documento es bastante árido: se establecen metros cuadrados, volúmenes, funciones, y es solo cuando visitas el museo cuando de repente el pulso se acelera. La arquitectura tiene una visión utópica y tienes que bajarla a la realidad . No solo ves este edificio, sino que empiezas a ver las distintas capas: los años 70, los años 2000, y entonces empiezas con tu equipo a pensar y a tomar decisiones. Tú tienes una serie de ambiciones, y en este caso el concurso tenía un tema. Se hablaba no solamente de añadir, sino también de conectar con lo ya existente. Representaba un patrimonio de la ciudad, y en cierto modo había que dejarlo en paz, mejorarlo, eso sí, actualizarlo a los códigos actuales, pero sin tocarlo, para respetar la historia y el patrimonio. Porque un edificio que realmente es sostenible es aquel en el que se respeta lo anterior, no se tocan o se derriban las cosas, sino que simplemente se actualizan y se conectan».   Abrir la entrada principal, dice el arquitecto, «era también una de las grandes prioridades que teníamos. Y entonces decidimos que íbamos a mantener abierto el museo durante las obras. Miguel [Zugaza, director del museo], que es como el 'señor Misión Imposible' , nos hizo hacer las cosas de esta manera. Y le prometimos que nosotros no queríamos excavar bajo tierra. ¿Por qué? Porque es más caro, es más arriesgado, altera la naturaleza de las cosas y es oscuro. Y los museos son espacios donde realmente lo interesante es que haya en ellos luz natural. Con estas premisas, ¿qué te queda? Pues te queda mirar hacia arriba, mirar hacia el cielo . Y ahí es cuando se hace muy evidente el pasado industrial de Bilbao». Foster advierte que se planteó «cómo construir un edificio sin tocar al actual, pero sin embargo que conecte con él, que cambie la utilización actual del patio, que era un espacio que antes estaba abierto y queríamos convertirlo en un lobby cerrado que se convierta en el corazón social del nuevo museo, que sea permeable para todos y, a partir de él, la gente pueda ir a los distintos espacios, a las exposiciones. Hemos ganado 1.300 metros cuadrados adicionales de espacio expositivo en la gran galería, que, además, son totalmente adaptables, 'tuneables'. Añadimos un 60% más de espacio. Cuando os mováis por todo el edificio, sed conscientes de que aquí no vais a ver ningún elemento de calefacción, ni de aire acondicionado, ni tuberías. Lo que no se ve es quizás lo más interesante ». El nombre elegido para presentar de manera anónima el proyecto al concurso fue 'Agravitas' : «Resume la esencia de lo que somos, de cómo es algo que tiene en cuenta el peso, la gravedad, pero a la vez que está sobrevolando y mostrando las obras y permite mostrarlas con una perspectiva fresca y nueva. Hemos usado un acero local, acero ecológico , que está hecho con proveedores locales y montados por contratistas de aquí. Esto ahora puede parecer sencillo y fácil, pero es porque solo estamos viendo la punta del iceberg, no estamos viendo todo el proceso». Ha sido, prosigue el arquitecto, « una lucha heroica , como es el edificio en sí mismo. Hicimos infinidad de maquetas, planos con muchísimos cambios. Parece algo que se ha hecho sin esfuerzo, pero ha sido todo lo contrario. El reto técnico ha sido enorme. La cornisa alrededor del edificio parece planear, flotar. En algunas zonas aguanta hasta 10 toneladas. Ha sido una carrera contrarreloj . Pero todo esto se nos olvida muy rápido, gracias a Dios. Y aquí estamos orgullosos y encantados, celebrando la nueva vida del edificio, porque es importante pensar que los edificios tienen alma . Cualquier edificio, cualquier trabajo de arquitectura es un trabajo de equipo, y este es un equipo muy inusual. No solo abraza a los que han realizado el edificio, el proyecto de la obra en sí, sino a la gente que se ha encargado del contenido». Tuvo Foster un recuerdo para su esposa, Elena Ochoa, y sus hijos Eduardo y Paola; para Patricia Phelps de Cisneros, para la familia de Plácido Arango... Y habló de Anselm Kiefer y su escultura que ha donado su familiar. Es una pila de libros: «Pensamos que había demasiados libros, y le dijimos a Anselm: 'Quita algunos de ahí arriba, por favor'. Ahora, viéndola en este espacio cívico, creo que hay que pedirle a Kiefer que vuelva a poner más libros». También se refirió a la terraza que corona el nuevo edificio, de 500 metros cuadrados, que alberga tres esculturas de Anthony Caro. Finalmente, agradeció la armonía entre la Diputación de Vizcaya, el Ayuntamiento de Bilbao y la Fundación BBK. También dio las gracias a su equipo. Y, dirigiéndose a Miguel Zugaza, que estaba en primera fila, le dijo: «Eres absolutamente increíble. Siempre digo que los individuos más impresionantes que encargan un edificio son los que te lo ponen difícil. Y tú, Miguel, me lo has puesto muy difícil ».