La devastadora DANA que golpeó Valencia el 29 de octubre de 2024 dejó registros de lluvia extraordinarios y provocó inundaciones que causaron al menos 230 víctimas mortales. Ahora, un estudio publicado recientemente en Nature Communications por Carlos Calvo-Sancho, Javier Díaz-Fernández, Juan Jesús González-Alemán, Amar Halifa-Marín, Mario Marcello Miglietta, Cesar Azorin-Molina, Andreas F. Prein, Ana Montoro-Mendoza, Pedro Bolgiani, Ana Morata y María Luisa Martín ha analizado con simulaciones de alta resolución hasta qué punto el calentamiento provocado por la actividad humana pudo modificar las características de aquel episodio extremo. La conclusión apunta a que una atmósfera más cálida y húmeda contribuyó a hacer la tormenta más intensa y extensa.Los investigadores reconstruyeron el episodio utilizando un modelo meteorológico con una resolución horizontal de hasta un kilómetro y compararon las condiciones actuales con un escenario contrafactual que representa cómo podría haberse comportado el mismo temporal en un clima similar al de la época preindustrial. Para ello recurrieron a datos de 15 modelos climáticos y a observaciones de 256 estaciones meteorológicas de la zona.El resultado permite poner cifras a una cuestión que hasta ahora era mucho más difícil de observar: el calentamiento no creó por sí solo la DANA, pero sí modificó las condiciones en las que se desarrolló y amplificó algunos de sus efectos. Un Mediterráneo más cálido cargó de humedad la tormentaUno de los elementos fundamentales del estudio está en la cantidad de agua disponible en la atmósfera. Durante el episodio, el Mediterráneo occidental presentaba temperaturas superficiales anormalmente elevadas, después de haber alcanzado niveles récord durante el verano de 2024. El aire más cálido puede contener más vapor de agua y, en este caso, esa mayor disponibilidad de humedad proporcionó combustible adicional para la convección.Las simulaciones muestran que la cantidad de agua precipitable —una medida de todo el vapor de agua disponible en la atmósfera— fue mayor en el escenario actual que en el escenario preindustrial. El incremento mediano fue del 11,9 %. También aumentó un 8,5 % la cantidad de vapor de agua integrada verticalmente en la atmósfera. Esto quiere decir que había más agua disponible para convertirse en lluvia. Las devastadoras inundaciones de Valencia constituyen el fenómeno climático de mayor impacto en la historia reciente de EspañaPero ese aumento de humedad no actuó de forma aislada. El estudio muestra que también elevó la energía disponible para alimentar las tormentas. La denominada energía potencial convectiva disponible para las parcelas de aire más inestables, o MUCAPE, aumentó un 22,2 % de mediana respecto al escenario preindustrial.Esta mayor energía favoreció corrientes ascendentes más fuertes dentro de las nubes. A su vez, esas corrientes contribuyeron a liberar más calor latente y a reforzar los procesos que permiten que una tormenta convectiva produzca precipitaciones muy intensas. La lluvia extrema aumentó más de lo que cabría esperar por el simple calentamientoUno de los resultados más llamativos del estudio aparece cuando los investigadores comparan la intensidad de la precipitación entre ambos escenarios.La simulación actual muestra un incremento de alrededor del 20 % por cada grado Celsius de calentamiento en la intensidad de la lluvia de una hora, una cifra superior al aproximadamente 7 % por grado que se suele asociar a la relación de Clausius-Clapeyron para el aumento de la capacidad del aire para contener vapor de agua.El episodio analizado presenta además un aumento del 21 % en la precipitación acumulada durante seis horas cuando se compara el clima actual con el escenario preindustrial. Es decir, el efecto del calentamiento no se limitó a poner más humedad a disposición de la tormenta: también modificó su dinámica y los procesos físicos que transforman esa humedad en precipitaciones extremas. El cambio climático antropogénico intensificó la intensidad de las precipitaciones y aumentó la superficie total afectada por las lluviasLos autores detectaron, entre otros cambios, un aumento del 29,5 % en la liberación de calor latente y del 11,9 % en las velocidades verticales. También observaron modificaciones en los procesos microfísicos de las nubes, que contribuyeron a aumentar la eficiencia de la precipitación.Pero la intensidad no fue el único aspecto que cambió, ya que el estudio también señala que el calentamiento amplió la superficie afectada por las precipitaciones más extremas. En concreto, el área que recibió más de 180 milímetros de lluvia acumulada aumentó un 55,4 % en las simulaciones correspondientes al clima actual frente al escenario preindustrial.Los 180 milímetros no son una cifra escogida al azar. El estudio utiliza ese umbral porque corresponde al nivel establecido por AEMET para el aviso rojo por precipitaciones intensas en la Comunidad Valenciana.Además, el volumen total de lluvia dentro de la cuenca del río Júcar aumentó un 19 % en comparación con el escenario preindustrial. Un experimento para comparar el mismo temporal en dos climasPara llegar a estas conclusiones, los científicos utilizaron el modelo meteorológico WRF con una resolución de hasta un kilómetro. Primero reprodujeron las condiciones observadas durante el episodio de octubre de 2024 en Valencia y después modificaron determinadas variables para recrear un escenario con condiciones climáticas similares a las de la época preindustrial. Los episodios de lluvias torrenciales extremas se intensifican con el cambio climático provocado por el ser humano en el caso de ValenciaEste método se conoce como aproximación de Pseudo-Global Warming (PGW). En lugar de intentar imaginar un temporal completamente diferente, permite plantear una pregunta mucho más concreta: ¿qué habría ocurrido con este mismo episodio si la atmósfera hubiese presentado unas condiciones térmicas y de humedad similares a las de un clima anterior al calentamiento antropogénico?Los investigadores utilizaron para ello las señales climáticas obtenidas de 15 modelos CMIP6 y también comprobaron la simulación actual frente a datos de 256 estaciones meteorológicas de la región.