La fachada de un edificio de cuatro plantas conserva la viruela de la guerra: cientos de impactos de metralla salpican el estucado gris, entre balcones y antenas parabólicas. A sus pies, un grafiti de colores chillones cubre el zócalo, como si Sarajevo hubiera tapado una cicatriz con otra. Más allá, junto al río Miljacka, un tranvía amarillo rueda bajo los cables y de las farolas cuelgan rostros de políticos sonrientes junto con la bandera bosnia. Treinta años después de la fratricida guerra (1992-1995), Bosnia y Herzegovina vota este domingo con las heridas de aquel conflicto aún abiertas, pero también con un nuevo foco de choque: el que enfrenta a Estados Unidos (EEUU) y a la Unión Europea (UE), los que fueran los grandes arquitectos de la paz de hace tres décadas.Seguir leyendo....