«Si ganamos nos matan»: cohetes, navajas, huevos y piedras en Tenerife

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Lo que debía ser una fiesta del fútbol modesto terminó convirtiéndose en una jornada de tensión y preocupación. El partido de vuelta de la previa de Copa del Rey —este lunes se celebra el sorteo de la primera eliminatoria— entre el Atlético Unión Güímar (equipo de la Interinsular Preferente de Tenerife) y el Sporting de Hortaleza (1ª Autonómica madrileña) estuvo rodeado de incidentes desde horas antes de su inicio, hasta el punto de requerir un amplio dispositivo con presencia de la Guardia Civil y de la Unidad de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional. Finalmente, el colegiado, Rafael Aguilar Prats, del Colegio Catalán, suspendió el encuentro después de que el Sporting de Hortaleza se negara a jugar. El Sporting viajaba a Tenerife con una ventaja mínima, tras imponerse por 1-0 en la ida gracias a un lanzamiento de penalti. Aquel primer duelo ya había dejado un poso de tensión, con cuatro expulsiones en las filas tinerfeñas, que acabaron el partido con solo ocho jugadores sobre el campo. El premio en juego era enorme: superar la eliminatoria y mantener vivo el sueño de medirse a un equipo de Primera División. Pero la tensión deportiva dio paso a algo mucho más preocupante. El propio Sporting de Hortaleza asegura que avisó durante la semana previa de lo que, según su versión, se les estaba preparando en Güímar. Además, según fuentes cercanas al Sporting, uno de los jugadores de la expedición habría recibido durante toda la semana previa amenazas y mensajes intimidatorios en redes sociales, presuntamente procedentes de un aficionado vinculado al entorno del Atlético Unión Güímar. La identidad del autor y el contenido de las comunicaciones deberán acreditarse, en su caso, con las pruebas y registros correspondientes. Los problemas continuaron en Tenerife. El club denuncia que la expedición tuvo dificultades para descansar la noche anterior, con el lanzamiento de cohetes en las inmediaciones de su lugar de concentración, algo que se habría prolongado hasta aproximadamente las cuatro de la madrugada. A la llegada al campo, el autobús del Sporting fue apedreado. Según fuentes cercanas a los jugadores, la recepción fue hostil desde el primer momento: algunos aficionados locales habrían exhibido machetes y navajas y lanzado piedras al paso de los visitantes, lo que provocó momentos de temor entre futbolistas y cuerpo técnico. La preocupación aumentó en los prolegómenos. Según la denuncia del club madrileño, durante la formación previa al partido se produjo un altercado en el que estaría implicado el entrenador local, Aythamy Díaz, que habría lanzado una botella hacia jugadores del Sporting y posteriormente habría agredido al técnico visitante, Jorge Mendoza. Son acusaciones graves cuya responsabilidad deberá determinarse a partir de los informes arbitrales, policiales y federativos. La situación obligó a reforzar la seguridad. La Real Federación Española de Fútbol habría solicitado la presencia de la Guardia Civil, y también intervino la UIP para evitar nuevos incidentes y garantizar la integridad de ambas expediciones, de los árbitros y del público. El impacto psicológico en el vestuario visitante fue importante: según el Sporting, varios jugadores terminaron llorando, muy afectados, con especial preocupación por sus familiares, que estaban fuera del recinto y de los que en ciertos momentos aseguraban no tener noticias. Con el partido suspendido, los órganos disciplinarios de la RFEF deberán analizar lo ocurrido, valorar la negativa del Sporting a jugar y decidir cómo se resuelve la eliminatoria y qué sanciones, en su caso, corresponden. El fútbol debe decidirse sobre el terreno de juego. Esta eliminatoria prometía ser una celebración del fútbol modesto; queda ahora marcada por la tensión, el miedo y un importante despliegue policial.