Nuestro cerebro evolucionó para vigilar a unas pocas personas. Ahora intenta seguir a millones y una nueva hipótesis cree que ahí empieza parte del problema
Compararnos, buscar aceptación y detectar amenazas nos ayudó durante miles de años. Ahora esos mismos mecanismos se enfrentan a algoritmos, desconocidos y crisis globales que nunca desaparecen.