Ligia Piro: lo que heredó de su papá, la salud de su mamá, Susana Rinaldi, y su nuevo disco con canciones de Cerati y Spinetta

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Comenzó su carrera como actriz, primero en teatro de texto y luego en musicales como Gotán, Nine y El romance del Romeo y la Julieta. Incluso hasta trabajó en televisión: en la novela Hombre del mar, junto a Gabriel Corrado. Pero después se inclinó completamente por el canto y no dejó ningún boliche ni café concert por abarrotar de fans. Hoy, Ligia Piro es toda una rara avis en el panorama local: tiene 10 discos grabados independientemente y un gran prestigio como intérprete de jazz y standards norteamericanos. Aunque es hija de Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, su camino musical fue y es otro. Pero no se niega al tango ni a ningún otro género. De hecho cantó alguna vez junto a su madre, y también rindió tributo a los ritmos folclóricos, a la bossa nova y hasta el bolero. Ahora va por más: acaba de terminar la grabación de un álbum dedicado al rock nacional, titulado Supernova, con cinco canciones de Gustavo Cerati y tres de Luis Alberto Spinetta.La primera parte de ese homenaje, o el primero de los dos EP, estará disponible en todas las plataformas a partir del sábado 10 de octubre. Ese mismo día, la cantante estrenará en vivo todo el material grabado en La Trastienda (Balcarce 460), en un recital que promete, asimismo, abarcar lo mejor de su repertorio. Antes, recibió a LA NACION en su casa de Florida para hablar de su nuevo trabajo discográfico, de lo que heredó de sus padres, de su deseo de volver a la actuación y, también, repasar toda su carrera.-¿Cuáles son los temas de Gustavo Cerati y Luis Alberto Spinetta incluidos en Supernova?-El disco saldrá en dos etapas o en dos EP o capítulos. El primero contendrá “Durazno sangrando” y “Tu nombre sobre mi nombre”, de Spinetta, y “Crimen” y “Zona de promesas”, de Cerati. Y el segundo, que saldrá 20 días después del primero y del show presentación de todo el disco, incluirá “Cielo de ti”, de Spinetta, y “Té para tres”, “Cactus” y “Adiós”, de Cerati. Estos temas saldrán más tarde, simplemente porque no llegamos con la masterización, porque yo produzco todo sola, así que dependo de mis tiempos y de mi dinero.-¿Por qué ahora un disco de rock nacional?-Surgió sin pensarlo. No pensaba sacar un disco ni sabía qué iba a hacer. Yo simplemente me había metido en el estudio a grabar temas inéditos que compusimos con mi marido (David Libedinsky, su productor musical) durante la pandemia, todos sobre el amor. Como para probarlos, nomás. Y de repente se me ocurrió también grabar “Tu nombre sobre mi nombre” y luego “Cielo de ti” y más tarde “Durazno sangrando”, que lo canto hace un montón en los shows pero nunca lo había grabado; y ahí me llegaron los arreglos que le había encargado alguna vez a un músico muy querido, Diego Schissi, para “Crimen” y “Cactus”, que quería empezar a cantar; y ahí el asunto empezó a tomar forma. Es la primera vez que trabajo así. Siempre me metí en un estudio sabiendo lo que iba a grabar, con todo bien ordenadito. Pero esta vez no fue así, de hecho no tenía una banda armada para la grabación, fui llamando y mezclando músicos según las necesidades. Por eso, por ejemplo, tengo bajistas y bateristas distintos en todos los temas. Sólo Hernán Jacinto se hizo cargo del piano en todas las canciones. Evidentemente la pandemia me desordenó, pero para bien. Porque esta ha sido una muy buena experiencia. Nos llevó ocho meses, pero valió la pena. Es sin dudas mi disco más experimental.-¿Por qué estos autores y no otros del rock nacional?-Porque me gustan mucho y siento que tienen canciones que deben ser cantadas todo el tiempo. Justamente, mi aspiración fue revitalizar esas canciones para que se mantengan en el tiempo. Por eso el título del álbum: Supernova tiene que ver con eso. Como que, así, la estela de vida de ambos y de sus obras seguirán dando vueltas. Esto lo hago por ellos, por mí y por mis hijos (Román, de 19 años, Álex, de 15, y Elisa, de 12). Me da un poco de escozor la música actual, lo que se escucha masivamente. Pienso en lo que hoy escuchan mis hijos y en todo lo que les falta escuchar. Con esto no quiero anular a la música contemporánea, que tiene exponentes muy buenos, pero hay géneros musicales en los que las letras son muy preocupantes. En fin, mi nuevo disco es para toda la juventud, pero sobre todo para mis hijos, para que mis hijos ahora empiecen a escuchar la buena música.-¿Vos los escuchabas de adolescente?-De adolescente yo escuchaba a Soda Stereo. Luis Alberto entró a mi vida más tarde, a los 20 años, cuando empecé a estudiar teatro. De chica yo escuchaba mucho a The Police y Duran Duran, hasta que un día llegó a mi casa el primer disco de Soda Stereo. ¿Y cómo llegó? Porque mi mamá era muy amiga de una tía de Gustavo y se ve que, por cortesía, ella nos lo envió. Yo tenía 14 años y recuerdo que el primer tema que escuché fue “¿Por qué no puedo ser del jet set?” y me encantó. Ahora mi hijo del medio también tiene esa edad y le gusta Soda Stereo; lo mismo le está pasando al mayor, el de 19. En ese sentido creo que estoy haciendo las cosas bien. Asi que sí, se podría decir que grabé Supernova para ellos, para que estén bien en contacto con la buena música.-Supernova es tu décimo disco y, al igual que todos los anteriores, fue grabado en forma independiente. ¿Por qué? ¿Se trató de una decisión artística? ¿Nunca te tentó grabar para una discográfica?- No, nunca me tentó, pero nunca apareció ninguna. Tampoco busqué que eso sucediera. Yo no me quejo porque para mí el hecho de grabar en forma independiente es muy positivo. Es verdad que todo se hace más lento, pero eso tampoco me preocupa porque así los tiempos los manejo yo. La única contra es que tenés que poner mucho dinero y no sabés si lo recuperás. Sería un beneficio que el dinero lo ponga otro, ¿pero ahí qué pasaría? Que tendría que grabar lo que decide ese otro. Sería una panacea encontrar la discográfica que me de la plata para grabar lo que yo quiera. Y que después se encargue de las presentaciones, de las giras y de todo aquello. Sería maravilloso, pero, bueno, a mí me tocó esta. Tal vez podría haber elegido otro camino, es cierto, pero en este, pese a todo, me siento cómoda y segura.La actuación, el jazz y el bajo perfil-Empezaste como actriz. ¿Cuándo y por qué decidiste convertirte exclusivamente en cantante?-Es cierto que empecé como actriz. En mis 20 estudié teatro con Agustín Alezzo, al que adoraba, y luego armé con unas amigas el grupo Buenayunta, con el que hicimos mucho teatro independiente. Más tarde vino el teatro comercial y los musicales. Pero en mis 30 comencé a alternar el teatro con la música, o hacer todo paralelamente. Para ese entonces la música ya me había ganado y yo gestaba mis propios proyectos musicales. Armé un trio y empecé a cantar en las trasnoches de Clásica y Moderna y de ahí pasé a Notorius y a Oliverio y a La Casona del Teatro, todos boliches del centro. Yo aceptaba todas las fechas que me proponían, laburaba como una loca, vivía sola y lograba mantenerme. Era maravilloso. Todo eso se cortó cuando me fui un año a Mar del Plata a grabar la telenovela Hombre de mar, junto a Gabriel Corrado. Cuando volví comprendí que lo que realmente me encendía era el vivo y que no podía vivir sin él. De hecho hoy puedo estar mucho tiempo sin grabar, pero sin el vivo, no, jamás. Cantar en vivo es parte de mi esencia.-¿Hoy extrañás la actuación?-Sí, extraño la actuación, sobre todo la comedia. Amo hacer comedia. Lo último que hice fue el espectáculo de boleros (Mucho corazón), con la orquesta A Zaidera (una big band de 15 músicos), por el que me gané el premio Hugo (como Mejor actriz de music hall). Me encantó hacerlo, cantar y actuar a la vez.-¿Podrías volver a actuar?-Sí, claro. Pero, te repito, tendría que ser una comedia. Hoy no haría un drama. ¿Por qué? Porque no quiero llorar yo ni hacer llorar a los demás. Y eso que soy buena haciendo drama, ¿eh? Lo he constatado muchas veces. Pero en este momento quiero reírme y hacer reír. Hoy no veo películas que sean un golpe bajo. Si me dicen que son para llorar o que en ellas se muere alguien, las descarto de plano. Creo que esto es parte de las secuelas de la pandemia. Todos quedamos en otro modo. Además, es parte de lo que me pasa. Es que, bueno, mi viejo se murió hace un año y mi vieja está grande, retirada, es como que voy olfateando un poco la despedida de tanta gente que quiero que, en fin, no quiero enfrentarme en lo artístico, si puedo, a algo que me movilice demasiado. -A la hora de convertirte en cantante y escoger tu repertorio, ¿la elección del jazz y los standards fue inmediata?-Sí, porque en cuanto Paco Poblet, de Clásica y Moderna, me dio una fecha para debutar como cantante allí, un viernes a la 1 de la mañana, me dije: voy a hacer el repertorio que me gusta cantar en mi casa. Yo tenía 19 años y venía de escuchar todo el tiempo a Billy Holiday y Ella Fitzgerald. A eso le sumé también la bossa nova, ya que también escuchaba a Maysa Matarazzo y a Elis Regina. Así que armé un show de jazz y bossa nova. Y así estuve durante años. Y mi primer disco, que logré concretarlo gracias a mi madre, es reflejo de todo eso. Yo no tenía un mango, sin embargo ella un día me dijo: “grabá, grabá, yo te doy la plata y después ves si me la podés devolver en algún momento”. Esa fue mi carta de presentación, un disco que se llama LP y que incluye todo lo que yo escuchaba en mi casa desde la niñez.-¿Esa música se escuchaba en tu casa? Supuse que se escuchaba todo el tiempo tango.-Nunca se escuchaba tango en mi casa. En la casa de mi mamá, digo, donde yo vivía. En la casa de mi papá, en cambio, sí. Y en la de ambos se escuchaba mucha música clásica. En lo de mi vieja también se escuchaba mucho jazz y mucho Judy Garland y Frank Sinatra. Eso sonaba todo el tiempo. Mis padres se separaron cuando yo era muy chica y yo iba de casa en casa escuchando distintas músicas, aunque en mi vida prevaleció la de la casa materna. En la de mamá también sonaba la música latinoamericana, porque ella era muy amiga de Chabuca Granda y hasta habían hecho un espectáculo juntas. También se escuchaba a Julia Elena Dávalos y los discos de Mercedes Sosa y Marian Farías Gómez, toda gente que entraba a mi casa y se quedaba a cenar como si se trataran de familiares. Ellos fueron, sin darme cuenta, mi primera escuela musical, lo mismo que Marikena Monti y Nacha Guevara, que cantaban cosas muy locas, incluso en otros idiomas. A mí todo eso me sonaba maravilloso, original y genuino.-A pesar de provenir de una familia de artistas populares y con temperamento, vos siempre cultivaste un bajo perfil. ¿Por qué? ¿Fue algo buscado?-No, no fue adrede ni premeditado. Yo soy esto. Yo soy temperamental también, pero no tengo ganas de demostrarlo todo el tiempo. Digamos que, en general, yo soy como era mi papá: más bien tranquilo. También era temperamental, pero no solía enojarse; pero, claro, cuando realmente se enojaba bajaba la persiana y no la volvía a subir jamás. Yo creo que soy también así.Susana Rinaldi, el tango y María Elena Walsh-¿Qué otros rasgos heredaste de uno y de otro, de tu papá Osvaldo Piro y de tu mamá, Susana Rinaldi?-De mi vieja heredé el amor por la profesión; bah, eso más bien de los dos, porque ambos siempre se han tomado muy seriamente el trabajo. También el amor por el público que les profesa todo el tiempo un agradecimiento constante. Por eso ellos se han ocupado de brindarse al máximo desde un escenario, siempre dándolo todo. Por ahí de mi vieja también heredé la desorganización. Ella siempre tuvo alrededor gente que le organizaba todo, la agenda de trabajo, la lista de teléfonos, todo lo que se te ocurra. Tuvo una asistente durante 35 años, santa Mecha, que se ocupaba de todo. Yo soy todo lo contrario, a mí no me gusta tener asistente ni nada, pero, claro, en cuanto trato de hacer todo sola, me desordeno y eclosiono. Ahí si me podés llegar a ver temperamental (risas), pero después termino conviviendo con ese caos interno y salgo por la tangente airosa y sin problemas. Lo que no puedo remediar es la impuntualidad. Volviendo a mis padres, creo que lo fundamental que me brindaron desde chica –aunque en ese momento no me diese cuenta- fue un gran sentido de la libertad para explorar todo lo que considerase necesario y desarrollarme a mis anchas.-Has cantado de todo, pero casi nunca tango. ¿Por qué? -Nunca elegí el tango y nunca me pregunté por qué. Ojo, he cantado algunos tangos, sobre todo con mi padre cuando me ha invitado a cantar junto a su orquesta. Y siempre elegí para hacer el mismo tipo de tango: los tangos canción, los tangos románticos. Si bien me fascina, yo nunca cantaría “Desencuentro”. Lo escucho en la voz de mi madre y me pongo a llorar. Lo mismo me pasa con “Mimí Pinsón” y con “Mariposita”, que, cantados por Roberto Goyeneche, me lloro toda la vida. Pero yo nunca cantaría ese tipo de tango. Así como mi vieja no cantaría, ni siquiera en castellano, “The Man I Love” o “Summertime”. Sin embargo, a mí me emociona toda la historia del racismo que aflora de la música de Gershwin, que para mí es el pope máximo del jazz mundial. Empiezan los primeros compases de cualquiera de sus partituras, ejecutadas por el clarinete, y a mí se me representa el ambiente de los boliches de jazz de los años 30 y 40, con mucho humo y alcohol, donde siempre había una negra acunando a un bebé. -¿Todo eso te despierta el jazz?-Sí. Todo eso me provoca el jazz, nada comparable a lo que me puede despertar la imagen de un conventillo con inmigrantes o la de un tanguero con chambergo y polainas. Yo no viví ninguna de esas épocas, ok, pero una me pega mucho más que la otra. De todos modos, yo creo que el tango y el jazz tienen una cosa muy emparentada desde la poesía, la historia y las melodías. Además, cualquier balada de jazz se puede pasar al tango y viceversa. Yo lo he probado y es así. ¿Por qué? Porque la melancolía mancomuna a ambos géneros. Además, el jazz tiene que ver con mi aprendizaje del idioma inglés. A propósito, ¿sabés quién me enseñó el idioma?-No. ¿Con quién aprendiste el inglés?-¡Con María Elena Walsh! Mamá era muy amiga de ella y yo, a los 9 años, tenía que aprender sí o sí el idioma para ingresar a un colegio bilingüe. Fue entonces que María Elena, que hablaba perfecto inglés, le dijo a mamá: “quédate tranquila, en tres semanas te la preparo para que apruebe el examen de ingreso”. Y así fue nomás. ¿Y cómo lo logró? Entre otras cosas, me dijo: “¿sabés lo que está bueno? Que escuches muchas canciones en inglés y las traduzcas”. Y ahí le empecé a dar al casete como loca, a buscar palabras en el diccionario y a volcar todo al papel. Como no eran épocas de Internet, fue un laburazo el que tuve que hacer. Incluso recuerdo haber ido a Ricordi a comprar partituras para traducir las letras. Bueno, toda esa base de aprendizaje fueron temas de jazz y standards americanos.-En varios momentos hiciste referencia a tu mamá, de la que no se sabe prácticamente nada desde hace un tiempo. ¿Cómo está de salud?-Mi vieja está bien, pero, como dije al principio, está grande. Ya tiene 91 años. Está retirada definitivamente. Vive en su casa, pero cuidada por otras personas. Hace dos años que decidió no dar más entrevistas. Un día me dijo: “no tengo más ganas, no quiero exponerme”. Así que ahora está muy tranquila en su casa. Y ya casi no sale para nada. Hoy, fundamentalmente, le gusta recibir a sus nietos y estar en familia. Yo la voy a visitar seguido y nos tomamos unos tecitos.-Cuando grabás un disco, ¿se lo hacés escuchar?, ¿le pedís su opinión? ¿Pensás que este último, dedicado al rock nacional, le va a gustar?-Este aún no se lo hice escuchar, pero sí, siempre lo hago. En cuanto a Supernova, no creo que haya problema: mi vieja acepta todo. El tema es que, con respecto a mí, ella no es muy objetiva. Puedo estar cantando cualquier cosa y siempre me dice lo mismo: “sos una genia”; a lo cual yo le respondo: “no me digas así, eso no me sirve, ¡decime la verdad! Pero ella insiste con “todo lo que hacés es tan hermoso, hija”. Para agendarLigia Piro. Presentación de Supernova. Junto a Hernán Jacinto (piano), Javier Malosetti y Norbi Córdoba (bajos), Sebastián Peyceré (batería), Rama Molina (guitarra) y Fede Botti (director musical). En La Trastienda, Balcarce 460. Sábado 10 de octubre a las 21. Entradas por Passline.