La selección sortea una noche áspera ante la República Checa. Lo que parecía una nueva sesión de fiesta impulsada por el talento de Lamine Yamal se convirtió en sudor frío. Chequia empató a dos en el segundo acto, pero el árbitro abonó la flor de Luis de la Fuente al anular un gol que pareció legal. La selección aprovechó un contragolpe para sentenciar su tercera victoria en tres partidos en la Liga de Naciones con un último tanto de Mikel Merino. Sin el brillo de siempre, pero con otros registros. Santi Cazorla y Juan Mata sujetan la Copa del Mundo, la entregan al capitán Rodri, la ofrecen al personal, se juntan las emociones del Mundial contagioso y único con el agradecimiento de cada afición en los campos de España. En Sevilla la ofrenda corrió por cuenta de Jesús Navas y en Oviedo se vuelve a repetir la escena. El estadio Carlos Tartiere se siente reconfortado, los ciudadanos de Asturias, las cuencas mineras, los llegados de Gijón, la costa de Oriente u Occidente se sienten partícipes de algo grande. En eso la Federación es generosa. Comparte, no se queda el éxito para su vitrina o su presidente, distribuye el botín. Lo hizo en Estados Unidos y lo repite ahora en cada punto de España. Los partidos de España son quirúrgicos, limpios, sin faltas. La selección se desliza por una pista de madera barnizada y no hay intercambio de golpes, ni ronchas de piel sobre el césped, sino un desempeño clínico, preciso, basado en un método para obtener resultados iguales o muy parecidos al repetir una medición bajo las mismas condiciones. De la Fuente interviene en el ciclo de cuatro partidos con reparto de esfuerzos. Han asomado en el once titular de una selección campeona del mundo jugadores que han perdido cache (Le Normand, Fran García) y otros medio desconocidos para los que no son hooligans del fútbol (Iván Fresneda, Roberto Fernández). Está al fin David Raya en la portería, un cancerbero de nivel mundial. Todo se traduce en una intensidad defensiva inusual, porque nadie tiene el puesto asegurado. Esa carrera en modo centella de Lamine Yamal para recuperar en la otra punta del campo un balón que había perdido en su callejón es la identidad única de esta selección. Si la máxima estrella defiende y estira el cuello después de un fallo, cómo no lo van a hacer los demás. Porque Lamine Yamal, que vive un momento efervescente que le permitiría decidir partidos por sí solo, está respaldado por pies finos (Rodri), mentes lucidas (Pedri) y una sinfonía de técnica (Baena, Dani Olmo) que provoca alucinaciones en el rival. Lamine estrena la noche con un zurdazo inapelable, calidad extrema, en el minuto 2. Es la jugada que todo el mundo imagina que hará y que nadie puede controlar. Los checos no asumen la derrota, se niegan a rendirse. Rodri marca el segundo en una jugada que inicia en carrera él mismo. España es un espectáculo que fabrica ocasiones en subidas insospechadas de Fran García o Iván Fresneda y en la que Le Normand no parece el defensa lleno de dudas que se maneja en el Atlético. Si los equipos son reflejo de sus entrenadores, De la Fuente ha convertido la fiesta en normalidad. La atmósfera gozosa y jovial decae en la segunda parte. La República Checa no quiere ser comparsa y a España no le han sentado como otras veces los cambios de jugadores. El partido se vuelve más anodino en ataque. Víctor Muñoz no prospera con la misma clarividencia por la banda que Lamine Yamal, y tampoco Yeremi Pino percute con la misma eficacia que Álex Baena por la izquierda. Los extremos puros no se van de sus defensores, no conectan con el juego fluido y tampoco Roberto Fernández ofrece soluciones más allá de pelear cada balón. La noche se ha torcido definitivamente porque en el trasvase de sustituciones, Mikel Merino no encuentra recorrido ni balón. La potencia de Fermín no mejora los giros y la facilidad para combinar y generar peligro de Dani Olmo. Chequia marca en una buena maniobra hilvanada al contragolpe que culmina Salma por el flanco izquierdo, certero golpeo de zurda que supera a Raya. El 2-1 ha descompuesto a la selección, que ataca con poca fe y defiende con nervios. Cunde el desasosiego porque el árbitro griego le echa un cable decisivo a España. Anula un gol a Chequia por una falta de Krecjl a Le Normand que no se aprecia en ninguna repetición y tras un fallo garrafal de Raya al atajar por alto. Y unos minutos después, expulsa al supuesto autor de la falta. Chequia con diez, boquea pero exige más a España, que se está marchando del encuentro. Surgen asperezas, roces y tarjetas rojas. Merino marca el tercero en una contra rápida y calma a la selección en una sesión incómoda.