Carlos Alcaraz está a dos pasos de defender la corona del ATP 500 de Tokio, semifinalista aunque con una sensación agridulce porque aunque ganó un reñido primer set contra Denis Shapovalov en el 'tie break', el canadiense tuvo que claudicar ante la presión y el dolor en la zona de la cadera derecha y retirarse antes de tiempo. Victoria no obstante para el murciano, que se medirá con Jaume Munar, verdugo de Kyrian Jacquet (6-4 y 6-2) por un puesto en la final. "Es una pena que haya tenido que retirarse. No es la manera en que quería avanzar a semifinales, pero el deporte es duro en ocasiones. Tienes que aceptarlo. Espero que pueda recuperarse para jugar en Shanghái", aseguraba después el número 3 del mundo. Es este partido de cuartos una repetición del choque contra Matteo Arnaldi en octavos. Un primer set en el que Alcaraz sufre, no está fino, no encuentra su ritmo ni sus derechas. Con un Shapovalov, 27 años y 46 del mundo, que despliega sus armas que hacen daño y que le impiden jugar como él quiere. Tanto es así, que hay una rotura en contra que desequilibra el resultado a favor del canadiense, un 2-4 que mantiene en un 3-5, que se acumula en un 4-5 y punto de set para el jugador 46 del mundo. " Es entonces cuando Alcaraz saca un arma intangible que se construye en la confianza y en las palabras de su banquillo y que lo mantienen en pie y con una lucidez estupenda para sacar la mano en dos dejadas y empezar a darle la vuelta a todo. Lo sabe Shapovalov, que tiembla en el 5-5 y le concede la rotura par que saque Alcaraz y se lleve el set antes de llegar al 'tie break'. Sin embargo, al murciano le entran de repente las prisas y las malas decisiones, una doble falta, una derecha a la red, 29 puntos perdidos con su servicio y la incomodidad que se vuelve en su contra. Es un instante, un miniapagón del que se desmarca en apenas unos puntos, porque se niega a tener que remar como contra Arnaldi, cuando tuvo que levantarse de un 2-6 en el desempate, y acelera en esta ocasión para atropellar al canadiense y dejar en nada esa ventaja de 2-0 que tiene al inicio. Saca sus brillos al final de ese primer set, alargado hasta la hora y 7 minutos, aunque las notas en datos no son las que acostumbra. Sufre el murciano, que suma errores no forzados y el saque no lo sostiene como quiere en este torneo de Tokio. "Mi servicio fue un poco frustrante. No podía encontrar el golpe: sufrí en casi todos mis turnos de saque. Pero estoy satisfecho con la forma en que he respondido tras cada rotura. Ha sido un buen primer set. Hubo buenos puntos, buenos peloteos", analiza después el del Palmar. Sin embargo, como en el día anterior, se acaba el partido tras el paso por el banco. Si Arnaldi se desfiguró tras perder esas cuatro bolas de set, Shapovalov se desfigura por el dolor. Una lesión en la cadera lo hace aguantar a duras penas, pues ni el fisio puede aliviarle la tensión acumulada después de tanto tiempo si jugar a niveles de esta exigencia. Es un juego que suma y dos que pierde antes de claudicar ante la evidencia: no puede moverse con soltura y este Alcaraz ya está en ese modo intratable, con la mirada fija en la victoria. Una más, aunque sin la alegría de otras, que lo lleva a la semifinal en Tokio. Se jugará la plaza en la final en un duelo español contra un Jaume Munar espléndido que se deshizo sin dificultades del francés Kyrian Jacquet (6-4 y 6-2).