En Alameda de Colón , en pleno Soho malagueño, La Deriva afianza una cocina contemporánea y cercana en la que tienen cabida los productos de temporada , algunos de los clásicos de la casa , una cuidada selección de quesos y una bodega con 500 referencias de vino . Pese a atravesar uno de los momentos más dinámicos de la historia gastronómica malagueña, el restaurante ha ido definiendo una línea propia donde tradición y actualidad se dan la mano en una carta que busca mantener el sabor como principal argumento. El restaruante suma a su cocina una sala elegante, cómoda y relajada , además de una barra integrada en el espacio. El restaurante recibe tanto a público local como a visitantes y plantea una experiencia que puede ir desde un almuerzo cotidiano hasta una comida más formal. La relación con el mercado se hace visible en la evolución de su carta: frutas, verduras, pescados, carnes, quesos y embutidos adquieren mayor o menor presencia según la temporada y la disponibilidad de cada materia prima . Entre los platos que ya identifican a La Deriva se encuentran sus croquetas de puchero , de interior cremoso y sabor profundo, y la ensaladilla rusa , dos clásicos que permanecen en la casa mientras otras referencias han ido evolucionando con el tiempo; de este modo, la carta también deja espacio a bocados para compartir y a platos de mayor contundencia. La distribución del restaurante da al vino un papel especialmente visible durante la comida. La cercanía entre la barra, la sala y la bodega hace que las referencias vinícolas estén presentes en el conjunto del espacio y acompañen a la comida en todos los sentidos. Por su parte, las 500 referencias de la bodega abarcan vinos nacionales e internacionales , con especial atención a pequeños productores y proyectos menos habituales ; en definitiva, una selección que permite recorrer distintas zonas y estilos y que deja espacio a otras etiquetas que quizá suelen pasar más desapercibidas. Los quesos constituyen otro de los apartados importantes de La Deriva. Su selección amplía las posibilidades de la carta y encaja especialmente bien con una bodega tan extensa. No hace falta salir del Soho para encontrar una mesa que invite a volver con curiosidad . En La Deriva , lo conocido y lo que cambia tienen suficiente espacio para que la visita no quede reducida a repetir siempre la misma elección.