Un equipo de la Universidad de Tohoku resuelve un misterio de Venus de hace décadas: su extraña neblina procede del polvo de los meteoritos

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Un equipo de la Universidad de Tohoku ha resuelto un misterio de Venus abierto desde los 70: su neblina inferior procede del polvo que dejan los meteoritos. Venus tiene una superficie a 462 ºC, una atmósfera cargada de CO₂ y nubes de ácido sulfúrico. Aun así, la pregunta era bastante sencilla: ¿de dónde salía aquella neblina?Según se recoge en Ars Technica, los investigadores japoneses han trabajado junto al Royal Belgian Institute for Space Aeronomy y han publicado sus resultados en Nature Astronomy. El modelo encaja con las observaciones realizadas desde las misiones Venera y Pioneer Venus, que fueron las primeras en encontrar aquellas partículas en la atmósfera baja del planeta.La neblina llevaba ahí desde los años 70, pero su origen estaba mucho más arriba Para entender dónde estaba el problema hay que mirar primero a la altura. La capa principal de nubes de Venus ocupa aproximadamente la franja situada entre los 47 y los 70 kilómetros, mientras que la neblina aparece por debajo de los 47 kilómetros. Se sabía que estaba ahí; lo que nadie había conseguido explicar era su procedencia.La respuesta empieza bastante más arriba. Cuando un meteorito entra en la atmósfera de Venus y se desintegra, deja detrás partículas minerales de tamaño nanométrico que terminan mezclándose con las nubes. Ya se ha estudiado también la presencia de asteroides que comparten órbita con Venus, aunque aquí no hablamos de impactos sino del material que van dejando al entrar.¿Y qué pasa con ese polvo después? Las partículas quedan atrapadas dentro del ácido sulfúrico y van descendiendo con las nubes hasta zonas más cálidas, donde ese ácido acaba evaporándose. Los núcleos minerales quedan entonces al descubierto, chocan entre sí y se agrupan, formando poco a poco la neblina que llevamos observando desde hace más de medio siglo.Hiroki Karyu, investigador de la Universidad de Tohoku, explica que «cuando seguimos el ciclo de vida de estas partículas en nuestras simulaciones, de repente todo encajó». La clave está precisamente ahí: la simulación reproduce las mediciones recogidas por las sondas desde los años 70, de manera que el mecanismo propuesto coincide con lo que ya se había observado.El polvo no sólo forma la neblina: también puede cambiar el clima de Venus El polvo, además, no se limita a quedarse flotando por la atmósfera. Según los cálculos del equipo, funciona como punto de partida para que se formen nuevas nubes y puede aumentar su producción entre un 20 y un 30 %. Dicho de otra manera, un material llegado desde el espacio termina interviniendo en el clima de Venus.Y todavía hay otra pieza que podría encajar. Desde hace décadas se intenta identificar el llamado absorbedor ultravioleta desconocido, una sustancia que absorbe radiación UV y afecta al balance energético del planeta. El hierro presente en el polvo cósmico aparece ahora como un candidato plausible, aunque su identidad continúa siendo una cuestión abierta.Venus, por cierto, no deja de acumular incógnitas de este tipo. También se han encontrado indicios de unas posibles estructuras ocultas bajo superficie venusiana, mientras que aquí el misterio estaba varios kilómetros por encima. Naoki Terada resume la consecuencia del estudio: el material que llega desde el espacio puede modificar la atmósfera y el clima.Eso deja además un dato nuevo para las próximas misiones que preparan NASA y ESA para estudiar Venus. Si el modelo es correcto, el polvo meteorítico tendrá que entrar en los cálculos sobre su atmósfera inferior, porque no sólo ayuda a explicar aquella neblina: también interviene en la formación de nubes y posiblemente en la absorción ultravioleta.