Cristina Romera, oceanógrafa: «No se degrada en el mar»; el aviso sobre el plástico biodegradable que usamos en vasos y cubiertos

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Sin duda, Cristina Romera es una de las voces más autorizadas de nuestro país cuando hablamos del estudio del medio marino. Esta oceanógrafa ha dedicado parte de su carrera a investigar los ciclos del carbono en los océanos y los efectos de la contaminación por plásticos, una labor por la que ha recibido destacados reconocimientos internacionales.Hace unos años ofreció una entrevista en el marco del proyecto Aprendemos juntos de BBVA que merece la pena recuperar hoy más que nunca. En aquella conversación sosegada pero contundente, la investigadora andaluza dejó reflexiones clave sobre la salud del planeta y desmontó mitos muy extendidos en la sociedad acerca del impacto sobre el planeta de algunas de nuestras acciones.De la mesa al fondo del mar sin degradarse A partir del análisis de los materiales que inundan nuestros mares, la oceanógrafa lanzó una advertencia clara: el plástico biodegradable no se degrada en el mar. Cristina explicó que muchos de ciertos productos, como los vasos, platos y cubiertos fabricados con ácido poliláctico (PLA) comercializados como alternativa verde, generan una falsa sensación de tranquilidad. En realidad, estos polímeros solo se biodegradan bajo condiciones muy concretas de temperatura (superiores a 50 grados) y humedad que solo se dan en plantas industriales de compostaje. Al llegar al mar, se comportan exactamente igual que el plástico tradicional: tardan muchísimo tiempo en descomponerse y liberan compuestos químicos y aditivos que alteran la química del agua y actúan como disruptores endocrinos en los organismos.Cristina también subrayó que en la Tierra existe en realidad "un solo océano", ya que todas las masas de agua están interconectadas a través de las corrientes y del ciclo hidrológico. Como ejemplo, recordó cómo una colilla arrojada en una ciudad puede terminar en el mar, o los célebres accidentes de cargueros, como el vertido de 29.000 patitos de goma en 1992 o miles de zapatillas, que navegaron durante décadas por medio mundo.Asimismo, la científica destacó el papel crucial del océano como sumidero: absorbe un tercio del carbono que emitimos a la atmósfera, en gran parte gracias a ecosistemas costeros de "carbono azul" como los manglares o las praderas submarinas de posidonia. No obstante, advirtió sobre las graves consecuencias del calentamiento y la acidificación del agua: desde la disolución de conchas y esqueletos de corales y moluscos, hasta la alteración de la proporción de sexos en especies como la lubina juvenil, donde las aguas cálidas provocan que nazcan mayormente machos. El plástico más común del mundo llega a tu hígado y lo llena de grasaPese al diagnóstico. Cristina transmitió un mensaje de esperanza. Recordó precedentes en los que la humanidad supo actuar a tiempo al escuchar a la ciencia, como la prohibición de los CFC frente al agujero de la capa de ozono o el veto al pesticida DDT. Para revertir la situación actual, concluyó, no solo hacen falta decisiones políticas valientes, sino también reducir drásticamente nuestros residuos y sanar una desconexión con la naturaleza que nos impide ver que proteger el mar es, en última instancia, protegernos a nosotros mismos.