Esos algoritmos capaces de redactar poesía, esas pantallas que simulan ser nuestros mejores amigos no nacieron en Silicon Valley, sino en la mente de un hombre que se negaba a conducir automóviles: Ray Bradbury.El 5 de junio de 2012 el mundo despedía a ese visionario nacido en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920, cuya voz trascendió los límites de la ciencia ficción como género para erigirse en un pilar de la literatura universal del siglo XX.Hoy, en pleno auge de la inteligencia artificial generativa, sus páginas plagadas de poesía y distopías, más que relatos de anticipación, huelen a advertencia y parecieran un manual de ética, de lectura casi obligatoria frente a los embates del silicio. Imagen Foto: tomada de infobae.com Aquel creador que recibió la Medalla Nacional de las Artes en Estados Unidos y una mención especial del Premio Pulitzer en 2007, entendió antes que muchos que las máquinas y la IA no venían a destruir nuestros cuerpos, sino a colonizar nuestra empatía. Su obra cumbre, Fahrenheit 451 (1953), resulta un espejo incómodo para el internauta del siglo XXI porque aquellos muros parlantes que interactuaban con los ciudadanos y los auriculares que aislaban a las masas del murmullo del vecino resultaron los antepasados directos de nuestros asistentes virtuales y de las redes sociales. Al revisar catálogos editoriales contemporáneos https://www.penguinrandomhouse.com, es fácil constatar cómo sus textos experimentan un renacimiento global, devorados por nuevas generaciones que buscan respuestas en estos tiempos de digitalización.Las traducciones de sus obras fundamentales se cuentan por decenas y su vigencia es tal que sus parábolas se estudian tanto en facultades de literatura como en laboratorios de desarrollo tecnológico. Imagen Foto: tomada de gaceta,unam.mx Crónicas marcianas (1950) y El hombre ilustrado (1951) demostraron que la ciencia ficción de este autor era, en realidad, un pretexto para desnudarnos el alma y cuestionar nuestro propio reflejo ante el rostro virtual. Cuando la inteligencia artificial recrea hoy pinturas o redacta discursos imitando la sensibilidad humana, el viejo Bradbury pareciera sonreír socarronamente desde el pasado.Desde creadores de software hasta cineastas encuentran inspiración en la obra de este grande, cuya partida hace hoy 14 años, más que ser evocada con nostalgia, podría ser invitación a apagar por un instante las pantallas y reverenciar el milagro de la inteligencia humana y su pensamiento crítico.