Joan Manuel Serrat apareció sereno, delgado y con la voz ligeramente más pausada que en sus años de escenario. Ya no recorre el mundo en giras interminables, pero a sus 82 años sigue pronunciando frases capaces de que cualquier auditorio, aún el más numeroso, quede en un silencio total.“Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil; es como quemar los libros, es destruir la memoria”, afirmó durante el congreso internacional “¿Un Derecho Civil para las personas mayores?”, celebrado en la Universidad de Barcelona, durante los días 12 y 13 de marzo último. Imagen El cantautor barcelonés continúa recibiendo premios y distinciones a sus 82 años y tras retirarse de los escenarios en 2022. Foto: EFE La declaración recorrió medios y redes sociales porque tocó una fibra incómoda. En un tiempo obsesionado con la juventud y la productividad, Serrat puso sobre la mesa un tema que muchos prefieren evitar: la vejez.Serrat tomó la palabra con una mezcla de humor sereno y lucidez crítica. Se presentó sin solemnidad, desarmando de entrada cualquier expectativa de discurso académico.Recordó que tenía 82 años, que gozaba de buena salud y de un “estado de conservación más que aceptable”, y con esa ironía inicial marcó el tono: no venía a hablar desde la distancia, sino desde la experiencia directa del envejecimiento.A partir de ahí, su discurso fluyó hacia su idea central: La vejez no es un accidente ni una anomalía, sino una etapa inevitable de la vida que la sociedad insiste en problematizar. Imagen Infografía generada por IA para CubaSí “Este es un buen momento para soltar el alma. Soy un hombre agradecido con la vida. Y acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días. Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones. Y convivo con mis achaques, con la ayuda de los fármacos y de las prótesis. Las gafas, los audífonos... En fin, esas cosas. “Me gusta la vida. Me gusta estar vivo. Y sentirme útil. Por eso me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación”.La dignidad como fronteraEl cantautor insistió en que el problema no es envejecer, sino cómo las sociedades miran a quienes envejecen.“Los viejos resultan incómodos para una sociedad que potencia el gasto y busca beneficios fáciles y rápidos. En tanto que a ellos, a los viejos, los tienen marginados porque consumen menos, porque tienen menos necesidades. Imagen "Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar", cantaba en los años 70 Serrat, musicalizando los versos de Antonio Machado. El cantautor es de los que hicieron y siguen haciendo caminos, también con estas consideraciones suyas sobre la vejez. Foto: captura de pantalla de YouTube. “A los viejos se les abandona en la soledad. Porque la soledad, dicen, es algo inherente a la vejez, y han de acostumbrarse a ella. Pero una sociedad sin solidaridad entre las generaciones es una sociedad empobrecida”.Serrat no habló desde la teoría, sino desde la experiencia encarnada del tiempo. Su discurso osciló entre la aceptación del cuerpo envejecido y la resistencia a su desvalorización social.El momento más citado de su intervención llegó cuando introdujo una de sus metáforas más potentes: “Prescindir de los viejos no solo es un acto criminal e imbécil, es como quemar los libros, es destruir la memoria”.En esa imagen condensaba su tesis acerca de que los mayores no representan únicamente un grupo etario, sino una forma viva de memoria colectiva.Eliminar su presencia del espacio social equivale, según refirió, a interrumpir la continuidad histórica de una comunidad.Envejecer sin hacerse invisibleSerrat insistió en que envejecer no puede significar desaparecer del espacio público ni perder derechos simbólicos.“Envejecer es la única manera que hemos encontrado de vivir una larga vida y queremos hacerlo con dignidad”, señaló en otro momento de su intervención.El énfasis no estaba en la nostalgia, sino en la reivindicación de un lugar activo dentro de la sociedad. Imagen Infografía generada por IA para CubaSí También subrayó la necesidad de escucha y respeto hacia las personas mayores, no como gesto asistencial, sino como reconocimiento de ciudadanía plena.Comentó que las personas mayores no deberían ser tratadas como una categoría homogénea ni como una carga, sino como individuos diversos, con trayectorias, deseos y capacidades distintas.“Que escuchen y respeten nuestras preferencias, que empaticen con nuestros problemas y con nuestras dificultades”, añadió.A lo largo de su intervención, Serrat dibujó una crítica indirecta a las lógicas contemporáneas que privilegian la productividad y la juventud como valores casi exclusivos.Sin dramatismos, pero con claridad, sugirió que ese modelo deja fuera a quienes ya no encajan en un ritmo acelerado.Su discurso, en ese sentido, no fue una defensa sentimental de la vejez, sino una reivindicación política y cultural de su legitimidad.La memoria como responsabilidad colectivaEl mensaje final dejó una idea enfáticamente subrayada: una sociedad que margina a sus mayores no solo comete una injusticia individual, sino que erosiona su propia memoria colectiva.Serrat no buscaba con su reflexión la emoción fácil ni el aplauso inmediato. Fue, sobre todo, una advertencia tranquila pero firme sobre el lugar que una sociedad decide otorgar a sus mayores.Su intervención deja una pregunta suspendida en el aire: qué hacemos con las memorias cuando deciden envejecer con nosotros, en lugar de quedarse quietas en el pasado. La respuesta no parece andar de la mano de la nostalgia, sino en la continuidad de lo vivido, en lo que aún somos.“Uno se creeque las mató el tiempo y la ausencia,pero su tren vendió boleto de ida y vuelta”.Así cantaba Serrat y quizás envejecer no sea perder, sino descubrir que muchas cosas nunca se fueron del todo, y que no son solo “pequeñas cosas”, sino historia viviente y, a veces, también espejo, brújula. Imagen En el último concierto de su gira de despedida 'El vicio de cantar', en el Palau Sant Jordi, en 2022. Foto: Pedro Madueño Para ver el video de la intervención completa de Serrat, click aquí