Con la llegada del buen tiempo y el calor, lo primero que hacemos al llegar a casa es quitarnos los zapatos y ponernos las chanclas . Son cómodas, fresquitas, se ponen en un segundo y nos dan esa agradable sensación de que estamos en verano. Sin embargo, lo que parece un gesto tan común en esta época del año puede terminar convirtiéndose en el peor enemigo de nuestros pies si no utilizamos las chanclas de forma adecuada. Aunque nos parezca el calzado ideal para sobrevivir a las altas temperaturas, los profesionales de la salud insisten en que debemos tener mucho cuidado con ellas. Así lo ha advertido recientemente la doctora Beatriz Hernáez Vela, podóloga de los hospitales Vithas y San Juan de Dios en Sevilla, en una entrevista para el programa 'Salud al día' de Canal Sur. Según la opinión de la especialista, las chanclas no están diseñadas para andar y abusar de ellas puede pasarnos una factura muy cara. La doctora Hernáez Vela no pretende que tiremos las chanclas a la basura, sino que aprendamos a usarlas con cabeza y exclusivamente para lo que fueron creadas. Como ella misma explica en la entrevista: «Las chanclas, si las podemos utilizar principalmente para ir a la piscina, a la playa y distancias cortas , magnífico. Pero para lo que son largas caminatas, están totalmente contraindicadas». El verdadero peligro surge cuando convertimos las chanclas en nuestro calzado oficial para todo el verano. Utilizarlas para hacer turismo, salir a dar un paseo de un par de horas por la tarde, ir de compras o andar un buen rato por el paseo marítimo es un error tremendo. El motivo es que este tipo de calzado no ofrece ningún tipo de sujeción al pie , lo que obliga al cuerpo a trabajar el doble para mantenerse equilibrado a cada paso que damos. ¿Por qué insisten tanto los podólogos en que nos hacen daño? La experta de Vithas señala dos factores clave que destrozan la salud de nuestra pisada: la falta de estabilidad y la ausencia de una suela adecuada. Según afirma la doctora Beatriz Hernáez, «no las aconsejo para nada. Son un calzado que es muy inestable, suele ser muy plano, con lo cual estamos tensando mucho toda la musculatura ». Al ser un calzado tan sumamente plano, no respeta la curvatura natural de la planta del pie. Al caminar con ellas, toda la fuerza del impacto contra el suelo se la llevan directamente los músculos de la pierna. Esto provoca una tensión brutal «tanto a nivel de la musculatura posterior de la pierna como toda la musculatura plantar». Es decir, al no tener amortiguación ni soporte, obligas a tus gemelos, a tus tendones y a la planta del pie a ir en tensión constante para no perder la chancla por el camino. Esa tensión continua de la que habla la especialista no tarda en dar la cara en forma de dolores y molestias. Cuando caminamos con chanclas, hacemos un gesto inconsciente con los dedos —como una especie de «garra» — para sujetar la tira de plástico o tela y evitar que el zapato salga volando. Si repetimos este movimiento durante horas y días seguidos, es muy probable que aparezcan las siguientes lesiones: Para evitar visitas al podólogo este verano, la clave está en saber elegir bien cuando usar este calzado. Para ir a la playa o para el césped de la piscina, las chanclas de toda la vida siguen siendo la mejor opción para evitar coger hongos. Pero si vas a salir a la calle a andar más de diez minutos, lo ideal es buscar alternativas que cuiden mejor de tus pies. Los expertos recomiendan optar por sandalias que vayan bien sujetas al tobillo mediante tiras o hebillas, lo que evitará que el pie baile y que tengas que hacer el esfuerzo de «garra» con los dedos. Además, es aconsejable que tengan una suela con algo de amortiguación y una pequeña elevación en el talón (de un par de centímetros) en lugar de ser completamente planas. Al fin y al cabo, los pies sostienen todo el peso del cuerpo, por lo que cuidarlos durante estos meses te asegurará disfrutar del verano sin dolores ni molestias.