Cada mensaje a una IA parece insignificante hasta que se multiplica por millones de usuarios, centros de datos y modelos cada vez más grandes. El verdadero problema no es una botella de agua por correo, sino la escala industrial que se está construyendo d

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El consumo de agua de la IA depende del modelo, la ubicación, la hora, el sistema de refrigeración y la fuente eléctrica. Pero los datos de Google, Microsoft y laboratorios independientes apuntan en la misma dirección: la infraestructura digital ya no puede tratarse como algo invisible.