DANZA: Clásicos para toda la vida

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La más reciente presentación del espectáculo La magia de la danza, que reúne fragmentos de los principales títulos del ballet decimonónico en las versiones de Alicia Alonso, ha demostrado algo que, en realidad, no tendría por qué demostrarse porque resulta evidente desde hace décadas: el público cubano del ballet, que forma legión, ama los clásicos.La reacción de los espectadores, que colmaron la sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, es una muestra inequívoca de la fidelidad a un repertorio que ha resistido el paso del tiempo gracias a sus extraordinarios valores estéticos y a la solidez de una tradición artística que marcó el devenir de la danza universal.Los grandes clásicos permanecen vigentes porque condensan una manera de entender el arte del movimiento que alcanzó una excepcional madurez expresiva. Obras como Giselle, El lago de los cisnes, La bella durmiente o Don Quijote continúan dialogando con los públicos contemporáneos, no como piezas de museo, sino como creaciones capaces de emocionar, conmover y revelar nuevas lecturas.Esa capacidad de renovación permanente explica por qué siguen ocupando un lugar central en el repertorio de las más importantes compañías del mundo y por qué continúan despertando entusiasmo entre los espectadores cubanos.A partir de esta constatación conviene recordar que, entre aficionados, críticos y especialistas, ha existido durante años cierta polémica acerca de cuál debe ser el repertorio que defienda el Ballet Nacional de Cuba.Sin embargo, en la concepción de sus fundadores nunca hubo dudas al respecto. Alicia, Fernando y Alberto Alonso asumieron desde el principio que la compañía tenía la responsabilidad de preservar los grandes clásicos, actualizarlos y acercarlos a cada época sin renunciar a sus esencias.Al mismo tiempo, impulsaron la creación de obras de concepción más contemporánea, capaces de incorporar nuevos códigos y lenguajes coreográficos. Para ellos, ambas vertientes no eran excluyentes, sino complementarias.Esa visión continúa definiendo la identidad artística del Ballet Nacional de Cuba.La compañía, que ahora dirige Viengsay Valdés, se ha consolidado como un referente internacional en la defensa del gran repertorio clásico, y las versiones creadas por Alicia Alonso para numerosos títulos constituyen parte esencial de ese legado.Preservar esas obras es una responsabilidad ineludible, pero también lo es abrir espacios a nuevas creaciones que permitan a los artistas dialogar con las sensibilidades, inquietudes y demandas de nuestro tiempo. En ese equilibrio entre tradición y renovación reside una de las mayores fortalezas de una institución que ha sabido honrar su historia sin dejar de mirar hacia el futuro.