Antonio Banderas se sitúa, en la puerta de su Teatro del Soho Caixabank, ante ese incruento pelotón de fusilamiento que son los reporteros gráficos. A su lado, una menuda mujer de pelo corto, nariz aquilina y mirada tan sonriente como curiosa. Hace calor en Málaga, y los dos han elegido ropa de colores vivos y estampados llamativos. Ríen ante la coincidencia y Banderas presenta a su compañera «Ella es Patti LuPone , una auténtica leyenda de Broadway y del teatro musical». Leyenda es un adjetivo que a fuerza de ser manoseado ha perdido mucho significado, pero en el caso de Patti LuPone (Nueva York, 1949) se ajusta completamente a la realidad. Su trayectoria incluye más de sesenta producciones teatrales tanto en Nueva York como en Londres . Fue Eva Perón en el estreno estadounidense de 'Evita', de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber; interpretó a Fantine en el ya histórico estreno de 'Los Miserables', de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg en Londres; y fue, también en esta ciudad, la primera Norma Desmond de 'Sunset Boulevard', de Andrew Lloyd Webber. Además ha encarnado a las protagonistas de musicales como 'Gypsy', 'Sweeney Todd' o 'Company' y de obras teatrales como 'La anarquista', de David Mamet, o 'Master Class', de Terence McNally, donde encarnó a Maria Callas. Precisamente, otra histórica cantante de ópera, Adelina Patti (aunque de origen italiano y criada en Nueva York, nació en Madrid), emparenta a Patti LuPone con España -es su sobrina-bisnieta-, país donde nunca ha actuado hasta ahora. Hoy 10 de junio comienza una gira con su espectáculo 'Songs from a hat', que le llevará después a Barcelona (día 12), Madrid (15), Tenerife (19), Gran Canaria (21) y Bilbao (24). Hay otro elemento común: hace dieciséis años participó en el estreno del musical ' Mujeres al borde de un ataque de nervios ', basado en la película de Pedro Almodóvar. «Me encantan sus películas, me hizo muchísima ilusión que David Yazbek y Jeffrey Lane crearan el musical y me gustó aún más que me pidieran participar en él. Pero lo que más me emocionó fue sentarme junto a él durante los ensayos. ¡No podía creerlo! Pensaba: '¡Estoy sentada al lado de Pedro Almodóvar!'» «En Broadway no tenemos un día libre -se queja Patti LuPone-; los lunes, que es nuestro día de descanso, siempre hay galas benéficas y suelen pedirnos a los artistas que estamos actuando que participemos. Alguien me dijo una vez: '¿Vendrías a cantar veinte minutos para una gala benéfica?' Y pensé: 'Dios mío, ahora tengo que pensar en qué canto durante veinte minutos'. Entonces se me ocurrió meter en un sombrero papelitos con títulos de canciones y sacar una al azar para cantarla. Así nació este espectáculo». «Hay cuarenta y dos canciones dentro del sombrero, procedentes de mis musicales de Broadway y de mis conciertos. Es lo más divertido que hago sobre un escenario porque nunca sé qué voy a cantar, y eso me quita toda la presión. Los otros espectáculos están estructurados: hay una canción, un diálogo, una atmósfera determinada. Esto es un caos maravilloso . Nunca sé qué va a pasar. A veces incluso dejo que el público elija. Pero solo cantamos las canciones que salen del sombrero». Patti Lupone debutó en Broadway en 1973 con ' Las tres hermanas ', de Chéjov; desde entonces ha alternado el teatro de texto con el teatro musical, y es en este género donde ha logrado sus mayores éxitos. Pero es crítica con la evolución de Broadway en este medio siglo: «Sigue habiendo propuestas vibrantes y emocionantes; pero lo que más me molesta es el volumen, todo está demasiado alto. Es como si pensaran que estamos sordos, y no lo estamos. No sé en qué momento el departamento de sonido pasó a ser el centro de la música, pero para mí ése es el mayor cambio en el teatro musical; el volumen en escena es excesivo». El público, añade, «tiene ahora dificultades para escuchar; y depende mucho de lo que vayas a ver. Si vas a musicales como 'The Rocky Horror Show', sabes que será ruidoso. Si vas a ver obras como 'Muerte de un viajante' o 'Little Bear Ridge Road', la gente se sienta y escucha. Solo espero que el público no olvide cuál es su responsabilidad: escuchar y no esperar que todo se le dé hecho, y eso requiere esfuerzo; lo comprobé cuando vi 'Muerte de un viajante'. Había un silencio absoluto y me emocionó profundamente. Pensé: ' Este es el teatro de los años cincuenta '. Entonces la gente venía al teatro para aprender, para transformarse. Eso todavía existe». Aunque, lamenta, «también se ha convertido un poco en un circo». No echa de menos cantar cuando hace teatro de texto. «¡No! ¡Es mucho más fácil!», ríe. Y explica por qué cree que el teatro musical llega tanto al público. «Todos cantamos. Es una forma de expresión intensa que llega directamente al corazón . Evidentemente, una obra de texto puede emocionar igual gracias a la historia, la interpretación o la puesta en escena. Pero creo que en los musicales la gente busca precisamente esa intensidad emocional». También los actores, dice Patti LuPone. «Recuerdo estar en el escenario del Broadway Theatre durante un ensayo con orquesta de 'Evita'. Estaba cantando y de repente pensé: 'Ahora lo entiendo'. Mi voz llenaba completamente el teatro. Como actriz y como espectadora comprendí por qué era tan poderoso: porque te envuelve por completo . Es una experiencia mayor que la vida misma». La artista ha interpretado a grandes mujeres, reales y ficticias: Evita, Fantine, Mrs. Lovett, Maria Callas... ¿Hay alguna que le haya dejado una huella especial? «Todas salen de mí. Después de leer los textos y escuchar la música, conecto con distintas emociones o aspectos de mi personalidad. Eso es lo que me encanta de actuar, que es una especie de terapia; cada vez que trabajas sobre una emoción o una idea concreta, descubres algo nuevo sobre ti misma. Siempre que salgo al escenario aprendo algo nuevo o perfecciono algo que ya conocía de mí. Todo consiste en practicar, practicar y seguir practicando . Igual que ocurre con nuestra propia humanidad: hay que comprenderla y afinarla constantemente». En España sigue existiendo, aunque cada vez menos, una distinción entre 'actores' y 'actores de musicales', que en muchos casos lleva un tono de menosprecio hacia los segundos. Patti LuPone no distingue entre ambos aspectos, y asegura que todos los personajes se trabajan con el mismo rigor tanto en el teatro de texto como en el teatro musical... «Siempre que estén bien escritos. Yo parto de las letras de las canciones; si puedo comprenderlas y construir una historia a partir de ellas, el proceso es exactamente el mismo que en una obra de teatro. Por ejemplo, 'Gypsy' -el musical de Jule Styne y Arthur Laurents-. Tiene el mejor libreto jamás escrito para un musical y podría sostenerse perfectamente sin la música. Es una obra de teatro en toda regla. Y la ensayamos así. Por limitaciones económicas trabajamos sin música durante un tiempo junto a Arthur Laurents. Recitábamos las letras en lugar de cantarlas y era extraordinario. Porque, en el fondo, es una obra de teatro. Y yo lo afronto exactamente igual». Dice con nostalgia que el teatro musical de antes era mejor que el de ahora. «Teníamos a Meredith Willson, Jule Styne, Rodgers y Hammerstein, Rodgers y Hart... Luego llegó Stephen Sondheim, que aportó una calidad musical y un genio que ahora no tenemos, al menos de forma evidente. No quiero decir que ya no existan compositores brillantes; estoy segura de que los hay. Lo que no sé es qué están buscando actualmente los productores de Broadway . Veo parodias de musicales como 'Schmigadoon!' o 'Titanique'. Luego están los musicales de grandes voces, como 'Chess', 'Lost Boys' o 'Rocky Horror Show'. Pero todo es tan ruidoso, insisto, que no puedes escuchar ni la música ni las letras». Patti LuPone participó, en 1985, en el estreno de un musical que ha trascendido el tiempo y se ha convertido en un fenómeno teatral de extraordinarias dimensiones. ¿Intuía que sería un éxito tan enorme? La artista asiente con la cabeza. « Cuando Cameron Mackintosh me ofreció el papel en Nueva York me hizo escuchar cuatro compases de la grabación francesa y ahí me di cuenta de que iba a ser un éxito ». Encoge los hombros cuando se le pregunta qué cree que lo hace tan especial. «No lo sé. Tal vez la humanidad de la historia. ¿Por qué lloraba la gente? Porque es atemporal. Y también la producción de Trevor Nunn y John Caird. Era extraordinaria. Y contábamos con actores de la Royal Shakespeare Company. El libro, la música... En los musicales modernos, y ese es otro problema hoy en día, ya casi no puedes tararear las melodías. En cambio, todo el mundo reconoce la música de 'Los Miserables'».