Las acrópolis griegas no fueron siempre templos elevados, refugios ciudadanos ni antiguos palacios de reyes. Un estudio de los textos clásicos revela que muchas funcionaron como fortalezas de tiranos y guarniciones extranjeras

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Una revisión sistemática de las referencias antiguas cuestiona la idea de que todas las acrópolis siguieron la evolución conocida de Atenas. Estos espacios amurallados tuvieron funciones muy distintas y pasaron de simbolizar el orgullo de una ciudad a representar el poder impuesto desde las alturas.